Un nuevo estudio revela que SAR11, las bacterias más abundantes en los océanos del mundo, podrían estar obstaculizadas por sus propias adaptaciones a entornos pobres en nutrientes. Bajo estrés, estos microbios experimentan fallos celulares que limitan su crecimiento, lo que podría afectar a los ecosistemas oceánicos en medio del cambio climático. Investigadores de la Universidad del Sur de California destacan esto como una debilidad clave en estas formas de vida dominantes.
Las bacterias SAR11 dominan el agua de mar superficial a nivel global, representando hasta el 40% de las células bacterianas marinas en algunas áreas. Su éxito se debe a la simplificación del genoma, una táctica evolutiva que implica eliminar genes no esenciales para ahorrar energía en condiciones de bajos nutrientes. Sin embargo, un estudio publicado en Nature Microbiology en 2026 sugiere que esta eficiencia crea vulnerabilidades cuando los entornos cambian. Dirigido por la candidata a doctorado Chuankai Cheng y el autor correspondiente Cameron Thrash, ambos de la Universidad del Sur de California, la investigación analizó cientos de genomas de SAR11. Descubrió que muchas cepas carecen de genes cruciales para la regulación del ciclo celular, que supervisa la replicación del ADN y la división. Durante el estrés ambiental, como picos de nutrientes, estas bacterias continúan replicando el ADN sin una división adecuada. «Su replicación del ADN y la división celular se desacoplaron. Las células seguían copiando su ADN pero fallaban en dividirse correctamente, produciendo células con números anormales de cromosomas», explicó Cheng. Estas células sobredimensionadas con cromosomas extra a menudo mueren, limitando el crecimiento de la población incluso cuando abundan los recursos. Este mecanismo explica la disminución observada en los números de SAR11 durante las fases tardías de las floraciones de fitoplancton, cuando aumenta la materia orgánica disuelta. «Las etapas tardías de la floración están asociadas con aumentos de nueva materia orgánica disuelta que puede perturbar a estos organismos, haciéndolos menos competitivos», señaló Thrash. Los hallazgos tienen implicaciones más amplias para la salud marina y el cambio climático. SAR11 juega un papel vital en el ciclo del carbono dentro de las redes tróficas oceánicas. A medida que los océanos se calientan y fluctúan más, las disrupciones en estas bacterias podrían remodelar las comunidades microbianas. «Este trabajo destaca una nueva forma en que el cambio ambiental puede afectar a los ecosistemas marinos, no solo limitando recursos, sino perturbando la fisiología interna de microorganismos dominantes», añadió Cheng. El estudio, apoyado por la Simons Foundation, subraya la necesidad de más investigación sobre las respuestas moleculares de SAR11 a la inestabilidad.