Investigadores han descubierto cómo organismos de cuerpo blando de hace 570 millones de años fueron excepcionalmente preservados en arenisca, desafiando los retos típicos de la fosilización. El hallazgo apunta a la química del agua marina antigua que formó cementos de arcilla alrededor de las criaturas enterradas. Esta revelación arroja luz sobre la evolución de la vida compleja antes de la Explosión Cámbrica.
La Biota de Ediacara, organismos de cuerpo blando enigmáticos que prosperaron hace unos 570 millones de años durante el período Ediacárico, han desconcertado durante mucho tiempo a los paleontólogos por su detallada preservación en arenisca, un medio habitualmente hostil para restos delicados. Estos fósiles, encontrados en yacimientos de todo el mundo, presentan formas extrañas como simetría trirradial, brazos en espiral y patrones fractales, lo que dificulta su clasificación biológica. La Dra. Lidya Tarhan, paleontóloga de la Universidad de Yale, lideró un estudio publicado en la revista Geology que revela el mecanismo detrás de esta preservación. Al analizar isótopos de litio en especímenes de Terranova y el noroeste de Canadá, el equipo descubrió que partículas de arcilla detrítica en el sedimento sirvieron como núcleos para que arcillas autigénicas crecieran directamente en el fondo marino. El agua marina ediacárica rica en sílice y hierro impulsó este proceso, creando un cemento natural que unió los granos de arena y capturó detalles finos de los tejidos blandos de los organismos. «La Biota de Ediacara parece totalmente extraña en su apariencia», señaló Tarhan. «Es realmente difícil cuando los miras por primera vez determinar dónde colocarlos en el árbol de la vida». Este hallazgo revierte la idea de que la supervivencia de la biota se debía a cuerpos inherentemente resistentes. En cambio, destaca el papel de la química ambiental en la fosilización. Los organismos existieron apenas decenas de millones de años antes de la Explosión Cámbrica hace unos 540 millones de años, un tiempo de diversificación animal rápida. Tarhan los ve como parte de un «largo fusible» que llevó a ese evento, marcando un cambio de la vida microbiana a formas de vida más grandes y complejas. «Si queremos entender los orígenes de la vida compleja en la Tierra, la Biota de Ediacara ocupa realmente un punto crítico en esa trayectoria», enfatizó Tarhan. La investigación, titulada «Authigenic clays shaped Ediacara-style exceptional fossilization», sugiere que métodos similares podrían aplicarse a otros conjuntos fósiles, refinando nuestra comprensión de ecosistemas antiguos y la eventual declinación de la biota al final del Ediacárico.