Los investigadores han detectado moléculas metabólicas preservadas en huesos de hace 1,3 a 3 millones de años, que arrojan luz sobre las dietas, la salud y los entornos de los animales prehistóricos. Los hallazgos, de yacimientos en Tanzania, Malawi y Sudáfrica, indican condiciones más cálidas y húmedas que las actuales. Un fósil incluso muestra rastros de un parásito que todavía afecta a los humanos.
Científicos liderados por Timothy Bromage, profesor del NYU College of Dentistry, han desarrollado un nuevo método para analizar metabolitos —moléculas procedentes de la digestión y otros procesos corporales— preservados en huesos fosilizados. Estos huesos, que datan de hace 1,3 a 3 millones de años, provienen de animales de regiones asociadas con la actividad humana temprana, incluyendo Tanzania, Malawi y Sudáfrica. El equipo examinó restos de roedores como ratones, ardillas terrestres y gerbiles, así como de especies más grandes como antílopes, cerdos y elefantes.
Mediante espectrometría de masas, los investigadores identificaron miles de metabolitos que coinciden con los de especies modernas. Estas pistas revelan biología normal, como la descomposición de aminoácidos y el procesamiento de vitaminas, e incluso indicadores de sexo a través de marcadores relacionados con el estrógeno, lo que sugiere que algunos animales eran hembras.
Un descubrimiento notable provino de un hueso de ardilla terrestre en el desfiladero de Olduvai, en Tanzania, de hace unos 1,8 millones de años. Contenía un metabolito único de Trypanosoma brucei, el parásito causante de la enfermedad del sueño, transmitido por moscas tsetsé. «Lo que descubrimos en el hueso de la ardilla es un metabolito único de la biología de ese parásito, que libera el metabolito en el torrente sanguíneo de su huésped. También vimos la respuesta antiinflamatoria metabolómica de la ardilla, presumiblemente debido al parásito», explicó Bromage.
La evidencia dietética apuntaba a plantas como el aloe y el espárrago en los entornos de los animales. Para la ardilla, los metabolitos de aloe indicaban condiciones específicas: temperaturas más cálidas, mayor precipitación y suelo adecuado. En general, los yacimientos mostraban paisajes más húmedos y cálidos que los actuales, en línea con datos geológicos previos, por ejemplo, los antiguos bosques y praderas de agua dulce de Olduvai.
Bromage destacó el potencial: «Usar análisis metabólicos para estudiar fósiles puede permitirnos reconstruir el entorno del mundo prehistórico con un nuevo nivel de detalle, como si fuéramos ecólogos de campo en un entorno natural hoy en día». El estudio, publicado en Nature, contó con colaboradores de NYU, Francia, Alemania, Canadá y EE.UU., apoyado por la Leakey Foundation y el NIH.
Este enfoque se basa en la preservación de colágeno en los fósiles y podría mejorar la comprensión de los ecosistemas antiguos más allá del análisis de ADN.