Un nuevo estudio cuestiona la visión del carroñeo como un recurso primitivo de reserva para los primeros humanos, presentándolo en cambio como una estrategia de supervivencia inteligente y fiable que moldeó nuestra evolución. Liderado por el CENIEH de España, la investigación destaca cómo el consumo de carroña proporcionó nutrición esencial con menos esfuerzo que la caza. Rasgos humanos como el ácido gástrico fuerte y la movilidad a larga distancia hicieron del carroñeo particularmente efectivo.
Investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de España han liderado un estudio internacional que reformula el papel del carroñeo en la historia humana. Publicado en el Journal of Human Evolution en 2025, el artículo argumenta que el consumo de cadáveres de animales no fue solo una medida ocasional, sino una estrategia repetida y central desde los primeros homíninos hasta la actualidad moderna. El estudio, titulado «Revisiting hominin scavenging through the lens of optimal foraging theory», cuenta con contribuciones de expertos como el Dr. Jordi Rosell y la Dra. Maite Arilla del IPHES-CERCA, así como investigadores de instituciones como el IREC-CSIC y las universidades de Alicante y Granada. Destaca las ventajas del carroñeo: acceder a fuentes de alimentos ricas en calorías requería mucho menos energía que perseguir presas vivas, resultando vital durante las hambrunas cuando los recursos escaseaban. La evidencia ecológica respalda esto, mostrando que la carroña es más abundante y predecible de lo que se pensaba, con muchas especies evolucionando comportamientos para mitigar riesgos de enfermedades. Los autores señalan que los humanos estaban biológicamente adaptados para esta práctica. «El pH ácido del estómago humano puede actuar como defensa contra patógenos y toxinas, y el riesgo de infección disminuyó considerablemente cuando empezamos a usar el fuego para cocinar. Además, nuestra capacidad para viajar largas distancias con bajo gasto energético fue clave para encontrar oportunidades alimentarias», explican los investigadores. Las primeras tecnologías amplificaron estas fortalezas. Herramientas de piedra simples permitieron extraer carne, grasa y médula, mientras que el lenguaje facilitó la coordinación grupal para localizar y explotar cadáveres. Esta aproximación complementó la caza y la recolección, formando un sistema de subsistencia flexible. Históricamente, los descubrimientos de los años 60 sobre el consumo de carne por homíninos antiguos generaron debates sobre si los primeros humanos eran cazadores o carroñeros. El carroñeo se vio durante mucho tiempo como inferior y temporal, pero el estudio lo refuta. Observaciones de carnívoros modernos y sociedades de cazadores-recolectores confirman la practicidad continua del carroñeo, subrayando su papel en el desarrollo humano en lugar de ser un mero precursor de la caza avanzada.