Científicos de la Universidad de Basilea han desarrollado un nuevo método de prueba para determinar si los antibióticos eliminan realmente las bacterias o solo detienen su crecimiento. Este enfoque, llamado prueba antimicrobiana de células individuales, rastrea bacterias individuales bajo un microscopio para evaluar la efectividad de los fármacos con mayor precisión. Los hallazgos, publicados en Nature Microbiology, destacan variaciones en la tolerancia bacteriana a tratamientos para la tuberculosis y otras infecciones pulmonares.
La resistencia a los antibióticos representa un gran desafío para la salud global, con bacterias que evaden cada vez más los fármacos comunes mediante mutaciones genéticas. Incluso las bacterias no resistentes pueden persistir entrando en un estado de latencia, donde dejan de multiplicarse pero sobreviven al tratamiento, pudiendo reactivar infecciones más tarde. Este problema es particularmente agudo en terapias prolongadas para la tuberculosis y afecciones pulmonares relacionadas causadas por Mycobacterium tuberculosis y Mycobacterium abscessus. Para abordar las limitaciones de las pruebas de laboratorio tradicionales, que se centran en la inhibición del crecimiento en lugar de la eliminación total, investigadores liderados por el Dr. Lucas Boeck del Departamento de Biomedicina de la Universidad de Basilea y el Hospital Universitario de Basilea introdujeron la prueba antimicrobiana de células individuales. Esta técnica emplea microscopía avanzada para monitorear millones de bacterias individuales durante varios días bajo miles de condiciones. «La usamos para filmar cada bacteria individual durante varios días y observar si y qué tan rápido un fármaco la mata realmente», explicó Boeck. En demostraciones, el equipo evaluó 65 combinaciones de fármacos contra Mycobacterium tuberculosis y analizó muestras de 400 pacientes con infecciones por Mycobacterium abscessus. Los resultados mostraron diferencias significativas en la eficacia entre mezclas de fármacos y entre cepas bacterianas, influenciadas por factores genéticos que promueven la tolerancia a los antibióticos. «Cuanto mejor toleran las bacterias un antibiótico, menores son las probabilidades de éxito terapéutico para los pacientes», señaló Boeck. Las predicciones del método coincidieron estrechamente con los resultados de estudios clínicos y modelos animales. Actualmente utilizada en investigación, esta prueba podría extenderse a entornos clínicos y desarrollo farmacéutico. Permite la selección personalizada de antibióticos basada en cepas bacterianas específicas. «Nuestro método de prueba nos permite adaptar las terapias antibióticas específicamente a las cepas bacterianas en pacientes individuales», dijo Boeck. Además, las ideas sobre los mecanismos de supervivencia bacteriana pueden inspirar nuevos tratamientos. «Por último, pero no menos importante, los datos pueden ayudar a los investigadores a comprender mejor las estrategias de supervivencia de los patógenos y así sentar las bases para nuevos enfoques terapéuticos más efectivos», añadió. El estudio subraya la necesidad de herramientas precisas para combatir infecciones persistentes, mejorando potencialmente los resultados de los pacientes y la innovación en fármacos.