Un estudio identifica cómo la SLIT3 ayuda a la grasa parda a desarrollar los vasos sanguíneos y nervios necesarios para quemar calorías

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Un grupo de investigadores informa que una señal proteica denominada SLIT3 ayuda a la grasa parda a aumentar la producción de calor mediante la coordinación del crecimiento de vasos sanguíneos y nervios simpáticos. En experimentos utilizando modelos de ratón y conjuntos de datos de tejidos y células humanas, el equipo descubrió que la SLIT3 se divide en dos fragmentos con funciones distintas —uno relacionado con el crecimiento vascular y el otro con la expansión nerviosa—, lo que apunta a posibles futuras estrategias de tratamiento contra la obesidad orientadas a aumentar el gasto energético.

La grasa parda se diferencia de la grasa blanca en que puede quemar combustibles como glucosa y lípidos para generar calor a través de la termogénesis, un proceso que ayuda a mantener la temperatura corporal.

Farnaz Shamsi, profesora adjunta de patobiología molecular en la Facultad de Odontología de la NYU y autora principal del estudio, señaló que, en la termogénesis, "toda esa energía química se disipa en forma de calor en lugar de almacenarse en el cuerpo como grasa blanca". Añadió que la grasa parda puede actuar "como un sumidero metabólico" al absorber y utilizar fuentes de combustible.

Para que la grasa parda mantenga una alta producción de calor, depende de una densa "infraestructura" neurovascular. Los nervios ayudan a transmitir las señales provocadas por el frío que activan el tejido, y los vasos sanguíneos suministran oxígeno y nutrientes, además de ayudar a distribuir el calor generado.

En el nuevo estudio, los investigadores se centraron en la SLIT3, una proteína que describen como liberada por las células de grasa parda y luego dividida en dos partes. Mediante experimentos en células de ratón y humanas, identificaron la enzima BMP1 como el factor que corta la SLIT3 en dos fragmentos. El equipo informó que los fragmentos tienen funciones diferentes: uno promueve el crecimiento de los vasos sanguíneos, mientras que el otro apoya la expansión de las redes nerviosas. Shamsi describió esto como "una señal dividida, lo cual es un elegante diseño evolutivo en el que dos componentes de un mismo factor regulan de forma independiente procesos distintos que deben estar estrechamente coordinados en espacio y tiempo".

Los investigadores también informaron haber identificado un receptor llamado PLXNA1 que se une a uno de los fragmentos de SLIT3 y ayuda a regular el desarrollo nervioso. En los experimentos con ratones descritos en el informe, eliminar la SLIT3 o la PLXNA1 hizo que los animales fueran más sensibles al frío y tuvieran menos capacidad para mantener su temperatura corporal; su grasa parda también mostró una estructura nerviosa deteriorada y una red de vasos sanguíneos menos robusta.

Para evaluar si esta vía podría ser relevante en personas, el equipo analizó muestras de tejido adiposo de más de 1.500 individuos, incluidas personas con obesidad, centrándose en el gen responsable de producir SLIT3. Según el informe, los resultados vincularon la actividad relacionada con la SLIT3 con medidas asociadas a la salud del tejido adiposo, la inflamación y la sensibilidad a la insulina en la obesidad. "Eso realmente llamó nuestra atención, ya que sugiere que esta vía podría ser relevante en la obesidad humana y la salud metabólica", dijo Shamsi.

Los investigadores enmarcaron los hallazgos como un posible complemento a los enfoques de pérdida de peso que reducen principalmente la ingesta de alimentos. "La mayoría de los medicamentos para perder peso, incluidos los GLP-1, funcionan suprimiendo el apetito", dice el informe, mientras que atacar la grasa parda podría, en principio, aumentar la cantidad de energía que el cuerpo utiliza. Shamsi enfatizó que "simplemente tener grasa parda no es suficiente: se necesita la infraestructura adecuada dentro del tejido para la producción de calor".

El estudio fue publicado en Nature Communications. Otros autores mencionados en el informe pertenecen a la Facultad de Odontología de la NYU, la Universidad Rockefeller, la Universidad de Leipzig, la ETH de Zúrich, la Facultad de Medicina Weill Cornell y la Facultad de Medicina Albert Einstein.

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