La Organización Meteorológica Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura han publicado un informe conjunto que detalla cómo el calor extremo está alterando la producción mundial de alimentos. El documento destaca efectos graves en Brasil y otros países, e insta a adoptar mejores estrategias de adaptación. Responde a un llamamiento de las Naciones Unidas para abordar los riesgos del calor para los trabajadores y los sistemas alimentarios.
Un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicado la semana pasada, combina datos meteorológicos y agrícolas para mostrar los efectos combinados del calor extremo en los sistemas alimentarios de todo el mundo. Brasil sirve como principal estudio de caso, donde las olas de calor de 2024 dañaron las cosechas de soja y maíz en estados como São Paulo, además de afectar a cacahuetes, patatas, caña de azúcar y café arábica. El ganado, como los cerdos, sufrió estrés térmico, y las inundaciones alteraron los mercados de camarones en Rio Grande do Sul. Según el informe, a principios de ese año se registró en Río de Janeiro un índice de calor de 144,1 grados Fahrenheit (62,2 grados Celsius), el más alto en una década. Martial Bernoux, funcionario superior de recursos naturales de la FAO, declaró: "No estamos avanzando a una velocidad suficiente", y añadió que los riesgos residuales están aumentando. Los últimos 11 años son los más cálidos registrados, y el informe proyecta que, para finales de siglo, bajo un escenario de altas emisiones, habrá hasta 250 días al año demasiado calurosos para el trabajo al aire libre en partes del sur de Asia, el África subsahariana tropical y América Central y del Sur. Los ejemplos incluyen las pérdidas de salmón en Chile en 2016 debido a la proliferación de algas, las fallas en los cultivos del noroeste del Pacífico de EE. UU. en 2021, la disminución de la producción de trigo y lácteos en la India en 2022 y la plaga de langostas en Kirguistán la primavera pasada. El informe sigue al llamamiento realizado en 2024 por el secretario general de la ONU, António Guterres, para establecer protecciones, incluidas las destinadas a los 2400 millones de trabajadores en riesgo según un hallazgo previo de la OIT. Guterres señaló que el calor mata a casi medio millón de personas al año, muchas más que los ciclones. Naia Ormaza Zulueta, investigadora de la Universidad de Columbia Británica, elogió el diagnóstico pero criticó el enfoque limitado hacia los trabajadores, al afirmar: "Los trabajadores están presentes en el diagnóstico, pero están ausentes en gran medida en la prescripción".