Una semana después de que fuerzas especiales estadounidenses capturaran al líder venezolano Nicolás Maduro en una redada precisa, permanece bajo custodia en Nueva York. El secretario de Estado Marco Rubio ha defendido la operación mientras informa al Congreso, avivando especulaciones presidenciales para 2028 en medio de encuestas que muestran la reticencia pública a una mayor implicación de EE.UU. en Venezuela.
Tras la redada del 3 de enero —en la que 20 fuerzas especiales estadounidenses se infiltraron sin ser detectadas, superando a la seguridad de Maduro sin pérdidas estadounidenses—, ha surgido el vívido relato de un guardia que describe una tecnología avanzada de 'ondas sonoras' que provoca desorientación, hemorragias nasales, vómitos y parálisis: 'De repente sentí que mi cabeza explotaba... Parecía que cada soldado disparaba 300 balas por minuto'. La Casa Blanca destacó esto como una advertencia regional, con México reevaluando supuestamente su postura según informes. Presidente Trump reiteró planes para 'dirigir el país', con vistas a los recursos petroleros de Venezuela, mientras Rubio pedía paciencia en programas dominicales y en el Congreso: 'Todos quieren resultados instantáneos... No va a funcionar así'. La nación, aproximadamente el doble del tamaño de California con 30 millones de habitantes, enfrenta una economía destrozada y grupos armados, lo que complica la supervisión a largo plazo de EE.UU. La falta de aviso previo al Congreso generó indignación bipartidista, incluido el senador Tim Kaine (D-Va.): 'Planteó más preguntas de las que respondió'. Una encuesta de Reuters/Ipsos muestra que el 72% de los estadounidenses teme una implicación 'demasiado grande'. Políticamente, la redada eleva a Rubio, con estrategas como Buzz Jacobs considerándolo 'muy competitivo' para 2028 a pesar de su apoyo a JD Vance; Mark McKinnon señaló que Venezuela podría 'hacerlo presidente o asegurarse de que nunca lo sea'. La historia antisocialista de Rubio lo fortalece, pero arriesga alejar a los antintervencionistas y a votantes latinos recelosos.