Investigadores del Karolinska Institutet han identificado cómo las oscilaciones alfa en el cerebro ayudan a distinguir el cuerpo de los alrededores. Ritmos alfa más rápidos permiten una integración precisa de señales visuales y táctiles, fortaleciendo la sensación de yo corporal. Los hallazgos, publicados en Nature Communications, podrían informar tratamientos para condiciones como la esquizofrenia y mejorar diseños de prótesis.
Un nuevo estudio del Karolinska Institutet revela que la frecuencia de las ondas cerebrales alfa en la corteza parietal juega un papel clave en el mantenimiento de la sensación de propiedad corporal. Publicado en Nature Communications en 2026, la investigación involucró a 106 participantes y combinó experimentos conductuales, registros de EEG, estimulación cerebral y modelado computacional para explorar cómo el cerebro fusiona la vista y el tacto. En los experimentos, los participantes experimentaron la ilusión de la mano de goma, donde una mano falsa visible se acaricia simultáneamente con su mano real oculta, lo que a menudo lleva a la sensación de que la mano de goma les pertenece. Aquellos con ondas alfa más rápidas detectaron desajustes sutiles de tiempo entre entradas visuales y táctiles con mayor precisión, resultando en un límite más nítido entre el yo y el entorno. Por el contrario, frecuencias alfa más lentas ampliaron la ventana de unión temporal, facilitando que las señales desajustadas se mezclaran y difuminaran la sensación de yo. Para probar la causalidad, los investigadores utilizaron estimulación eléctrica no invasiva para ajustar los ritmos alfa. Aumentar la frecuencia mejoró la precisión del tiempo y las percepciones de propiedad corporal, mientras que disminuirla tuvo el efecto opuesto. Los modelos computacionales confirmaron que las oscilaciones alfa regulan la integración del tiempo sensorial. «Hemos identificado un proceso cerebral fundamental que moldea nuestra experiencia continua de estar encarnados», dijo el autor principal Mariano D'Angelo, investigador del Departamento de Neurociencia del Karolinska Institutet. El estudio sugiere implicaciones para trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia, donde la autopercepción está perturbada, y para tecnologías como prótesis y realidad virtual. «Nuestros hallazgos ayudan a explicar cómo el cerebro resuelve el desafío de integrar señales del cuerpo para crear una sensación coherente de yo», señaló el autor principal Henrik Ehrsson, profesor del mismo departamento. Realizado en colaboración con la Université Aix-Marseille en Francia, el trabajo fue financiado por el European Research Council y otros, sin conflictos de interés reportados.