Investigadores de la Washington University School of Medicine en St. Louis informan que la patología amiloide en modelos de ratones de la enfermedad de Alzheimer altera los ritmos circadianos en microglía y astrocitos, modificando el momento de cientos de genes. Publicado el 23 de octubre de 2025 en Nature Neuroscience, el estudio sugiere que estabilizar estos ritmos específicos de las células podría explorarse como una estrategia de tratamiento.
La enfermedad de Alzheimer a menudo perturba los patrones diarios desde etapas tempranas, con inquietud nocturna y siestas diurnas comunes; en etapas avanzadas, muchos pacientes experimentan “sundowning”, o confusión aumentada por la tarde. Estos ritmos clínicos apuntan a un vínculo entre el trastorno y el sistema circadiano del cuerpo, que regula los ciclos de sueño-vigilia y otros procesos biológicos.
En un estudio de la Washington University School of Medicine en St. Louis, los científicos utilizaron modelos de ratones para investigar esa conexión. El equipo descubrió que la acumulación de amiloide —una característica del Alzheimer— alteró los patrones normales de actividad génica día-noche en dos tipos de células gliales, microglía y astrocitos, que apoyan la salud cerebral y la defensa inmune. Los hallazgos se publicaron el 23 de octubre de 2025 en Nature Neuroscience.
Para capturar cómo cambia la actividad génica a lo largo del día, los investigadores recolectaron tejido cortical cada dos horas durante un período de 24 horas de ratones diseñados para desarrollar placas amiloides, de ratones jóvenes sanos y de ratones mayores sin placas. El análisis mostró que la patología amiloide desordenó el momento de cientos de genes en microglía y astrocitos. Muchos de los genes afectados ayudan a la microglía a eliminar desechos —incluyendo amiloide— lo que sugiere que la pérdida de sincronización temporal puede perjudicar esta función de limpieza.
“Hay 82 genes que se han asociado con el riesgo de enfermedad de Alzheimer, y encontramos que el ritmo circadiano controla la actividad de aproximadamente la mitad de ellos”, dijo Erik S. Musiek, MD, PhD, profesor Charlotte & Paul Hagemann de Neurología en Washington University, quien lideró el estudio. Trabajos previos de su grupo indican que las alteraciones del sueño pueden preceder la pérdida de memoria por años, y los estreses causados por el sueño interrumpido pueden contribuir a la progresión de la enfermedad.
El equipo también observó que el amiloide parecía inducir nuevos ritmos diarios en genes que no suelen estar bajo control circadiano, muchos vinculados a respuestas inflamatorias y de estrés. Musiek, quien codirige el Center on Biological Rhythms and Sleep, dijo que los resultados apuntan a terapias potenciales dirigidas a fortalecer o ajustar los relojes circadianos dentro de tipos celulares específicos. “Tenemos muchas cosas que aún necesitamos entender, pero donde el caucho toca el camino es intentar manipular el reloj de alguna manera”, dijo.
La investigación fue apoyada por el National Institute on Aging, el National Institute of Neurological Disorders and Stroke y los National Institutes of Health.