Una nueva investigación revela que la sangre de ratones más jóvenes puede proteger contra daños cerebrales similares al Alzheimer, mientras que la sangre mayor lo acelera. Los científicos realizaron experimentos infundiendo sangre de ratones durante 30 semanas para observar efectos en la memoria y la acumulación de proteínas. Los hallazgos destacan el rol de la sangre en la salud cerebral y posibles nuevos tratamientos.
La enfermedad de Alzheimer, la principal causa de demencia en todo el mundo, implica la acumulación de proteínas beta-amiloide que forman placas que interrumpen la comunicación neuronal y dañan el tejido cerebral. Estudios recientes sugieren que estas proteínas aparecen en el torrente sanguíneo, lo que plantea preguntas sobre la influencia de la sangre en la progresión de la enfermedad. Los investigadores del Instituto Latinoamericano de Salud Cerebral de la Universidad Adolfo Ibáñez, Instituto MELISA, University of Texas Health Science Center at Houston y Universidad Mayor probaron esto utilizando ratones transgénicos Tg2576, un modelo común para el Alzheimer. Durante 30 semanas, infundieron sangre semanalmente de ratones donantes jóvenes o envejecidos para evaluar impactos en la acumulación de amiloide, memoria y comportamiento. Los resultados mostraron que la sangre mayor empeoró el rendimiento de memoria en la prueba del laberinto de Barnes e incrementó las placas amiloides, detectadas mediante métodos histológicos y bioquímicos. La sangre joven, en cambio, ofreció efectos protectores, reduciendo estos cambios. Un análisis proteómico del tejido cerebral reveló más de 250 proteínas con actividad alterada, muchas vinculadas a la función sináptica, señalización endocannabinoide y regulación de canales de calcio. La Dra. Claudia Durán-Aniotz, de BrainLat, enfatizó las implicaciones más amplias: «Este trabajo colaborativo entre diversas instituciones refuerza la importancia de entender cómo los factores sistémicos condicionan el entorno cerebral e impactan directamente en mecanismos que promueven la progresión de la enfermedad. Al demostrar que señales periféricas derivadas de sangre envejecida pueden modular procesos centrales en la fisiopatología del Alzheimer, estos hallazgos abren nuevas oportunidades para estudiar blancos terapéuticos dirigidos al eje sangre-cerebro». Mauricio Hernández, especialista en proteómica del Instituto MELISA, destacó el logro técnico: «En este estudio, realizamos un análisis proteómico a gran escala que nos permitió generar datos de excelente calidad en esta matriz compleja como el plasma... estamos orgullosos de haber contribuido a la producción de un artículo científico robusto y de alta calidad». El Dr. Elard Koch, presidente del Instituto MELISA, añadió: «Es un placer contribuir con nuestras capacidades proteómicas para apoyar iniciativas de investigación innovadoras como este estudio, que nos permiten avanzar en el conocimiento y desarrollo de nuevas terapias para enfermedades neurodegenerativas, que actualmente son un problema de salud global». Publicado en Aging (2025; 17(11):2664), el estudio sugiere que factores basados en sangre podrían ser blancos clave para ralentizar el Alzheimer, con trabajos futuros identificando componentes específicos para aplicación humana.