Científicos de la Universidad Brown han identificado un patrón sutil de actividad cerebral que puede predecir la enfermedad de Alzheimer en personas con deterioro cognitivo leve hasta dos años y medio antes. Usando magnetoencefalografía y una herramienta de análisis personalizada, los investigadores detectaron cambios en las señales eléctricas neuronales vinculadas al procesamiento de la memoria. Este enfoque no invasivo ofrece un posible nuevo biomarcador para la detección temprana.
Investigadores de la Universidad Brown, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid, han descubierto un biomarcador basado en el cerebro que señala la progresión del deterioro cognitivo leve a la enfermedad de Alzheimer. El estudio, publicado en la revista Imaging Neuroscience en 2025, analizó la actividad cerebral en 85 participantes diagnosticados con deterioro cognitivo leve, siguiendo sus condiciones durante varios años. La actividad cerebral se capturó mediante magnetoencefalografía (MEG), una técnica no invasiva que registra señales eléctricas de las neuronas mientras los participantes descansaban con los ojos cerrados. Para analizar los datos con precisión, el equipo utilizó el Spectral Events Toolbox, un método computacional desarrollado en Brown que identifica eventos distintos en las señales cerebrales, incluyendo su temporización, frecuencia, duración y fuerza. Esta herramienta evita el efecto de desenfoque de los métodos tradicionales de promediado y ha sido citada en más de 300 estudios. Centrándose en la banda de frecuencia beta (12-30 Hz), asociada con procesos de memoria, los investigadores encontraron diferencias significativas. Los participantes que desarrollaron Alzheimer en dos años y medio mostraron eventos beta que ocurrían a una tasa más baja, con duraciones más cortas y menor potencia en comparación con aquellos cuyo deterioro se mantuvo estable. «Hemos detectado un patrón en las señales eléctricas de la actividad cerebral que predice qué pacientes tienen más probabilidades de desarrollar la enfermedad en dos años y medio», dijo Stephanie Jones, profesora de neurociencia en el Carney Institute for Brain Science de Brown y co-líder de la investigación. La primera autora, Danylyna Shpakivska de Madrid, añadió: «Dos años y medio antes del diagnóstico de su enfermedad de Alzheimer, los pacientes producían eventos beta a una tasa más baja, de menor duración y con menor potencia. Hasta donde sabemos, es la primera vez que los científicos examinan los eventos beta en relación con la enfermedad de Alzheimer». A diferencia de los biomarcadores actuales en líquido cefalorraquídeo o sangre que detectan placas amiloides y ovillos tau, este método observa directamente las respuestas neuronales al daño cerebral. David Zhou, investigador postdoctoral en el laboratorio de Jones, señaló su potencial para revelar cómo funcionan las células cerebrales bajo estrés. Los hallazgos podrían permitir un diagnóstico más temprano y el seguimiento del tratamiento. Jones explicó: «La señal que hemos descubierto puede ayudar a la detección temprana. Una vez que nuestro hallazgo se replique, los clínicos podrían usar nuestro conjunto de herramientas para el diagnóstico temprano y también para verificar si sus intervenciones están funcionando». Financiado por la Iniciativa BRAIN de los Institutos Nacionales de Salud y agencias españolas, el equipo ahora planea modelar los mecanismos de la señal y probar terapéuticas, con el apoyo de un Zimmerman Innovation Award del Carney Institute.