Científicos del Cold Spring Harbor Laboratory han descubierto que el cáncer de mama altera rápidamente el reloj interno del cerebro en ratones, aplanando los ciclos diarios de hormonas del estrés e impairiendo las respuestas inmunes. Sorprendentemente, restaurar estos ritmos en neuronas cerebrales específicas redujo los tumores sin necesidad de fármacos. El hallazgo resalta cómo los desequilibrios fisiológicos tempranos pueden empeorar los resultados del cáncer.
Investigadores dirigidos por Jeremy Borniger, profesor asistente en el Cold Spring Harbor Laboratory, examinaron cómo el cáncer de mama afecta la regulación cerebral del estrés y la inmunidad. En modelos de ratones, los tumores interfirieron con los ritmos diurnos, los ciclos naturales día-noche de las hormonas del estrés. Normalmente, los niveles de corticosterona en ratones (equivalente al cortisol en humanos) suben y bajan de manera predecible. Sin embargo, los tumores de mama causaron que estos niveles permanecieran antinaturalmente planos, incluso antes de que los tumores fueran detectables al tacto. Esta alteración surgió rápidamente: en tres días tras la inducción del cáncer, el ritmo se atenuó entre un 40 y un 50 por ciento. Borniger señaló: «Incluso antes de que los tumores fueran palpables, vemos una atenuación del 40 o 50% en este ritmo de corticosterona». La irregularidad proviene del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal (HPA), donde las neuronas hipotalámicas se volvieron hiperactivas pero produjeron señales débiles, desequilibrando el bucle de retroalimentación que regula el estrés, el sueño y la función inmune. Tales desequilibrios están vinculados a síntomas comunes del cáncer como la ansiedad y el insomnio, y en los ratones, se correlacionaron con una menor calidad de vida y mayor mortalidad. El equipo probó entonces una intervención: estimular estas neuronas para imitar patrones normales día-noche. Esto restableció los ciclos hormonales normales, impulsando a las células inmunes a infiltrarse en los tumores y reduciendo significativamente su tamaño. Borniger explicó la importancia del momento: «Imponer este ritmo en el momento adecuado del día aumentó la capacidad del sistema inmune para matar el cáncer... Si realizamos la misma estimulación en el momento equivocado del día, ya no tiene este efecto». Notablemente, no se utilizaron fármacos anticáncer; el enfoque fue la salud fisiológica. Los hallazgos, publicados en Neuron en 2025, sugieren que potenciar los ritmos corporales podría complementar los tratamientos, reduciendo potencialmente la toxicidad de la terapia. Investigaciones futuras buscan descubrir cómo los tumores alteran inicialmente estos ciclos.