Un descubrimiento fósil en la isla caribeña de La Española muestra que abejas solitarias anidaron dentro de los alvéolos dentales vacíos de huesos de mamíferos, dejados por lechuzas en una cueva hace unos 20.000 años. El hallazgo, publicado en 2025, constituye la primera evidencia conocida de abejas que utilizaron huesos de animales para la reproducción.
Los investigadores identificaron los nidos mientras estudiaban huesos procedentes de una cueva de piedra caliza en la República Dominicana. El autor principal, Lázaro Viñola López, del Field Museum, observó depósitos cóncavos y lisos dentro de los alvéolos de las mandíbulas que se asemejaban a las cámaras de barro fabricadas por las abejas solitarias modernas.
Las tomografías computarizadas confirmaron que las estructuras coincidían con nidos de abejas y preservaban granos de polen antiguos. Es probable que las abejas mezclaran tierra con saliva para construir las pequeñas cámaras, cada una más pequeña que la goma de borrar de un lápiz, posiblemente para proteger los huevos de los depredadores.
Los nidos recibieron el nombre de Osnidum almontei, en honor al paleontólogo Juan Almonte Milán. Ningún cuerpo de abeja sobrevivió en las cálidas condiciones de la cueva, por lo que la especie exacta sigue siendo desconocida.
Viñola López señaló que el paisaje de piedra caliza ofrecía pocos lugares de anidación en el suelo, lo que convirtió a los huesos depositados por las lechuzas en una oportunidad inusual para los insectos.