Craig Venter, una figura clave en la secuenciación del genoma humano y el avance de la biología sintética, ha fallecido a los 79 años. El J. Craig Venter Institute anunció que su muerte se produjo tras una breve hospitalización debido a los efectos secundarios de un tratamiento contra el cáncer. Venter deja un legado de descubrimientos y controversias en el campo de la genómica.
Craig Venter, fundador del J. Craig Venter Institute, falleció tras una breve hospitalización debido a efectos secundarios inesperados del tratamiento contra un cáncer recientemente diagnosticado, informó el instituto. Tenía 79 años. Venter desempeñó un papel destacado en la secuenciación del genoma humano y, posteriormente, fue pionero en el trabajo de biología sintética, impulsando tanto grandes avances como debates sobre la comercialización de la investigación y la concepción de la ciencia como una carrera. Su camino hacia la relevancia comenzó tras servir como camillero de guerra en Vietnam, lo que le motivó a dedicarse a la investigación biomédica en los Institutos Nacionales de Salud en la década de 1980. Allí, fue pionero en la secuenciación automatizada de etiquetas de secuencia expresadas, lo que suscitó una temprana controversia al intentar patentarlas a pesar de que sus funciones eran desconocidas. En 1998, frustrado por el ritmo del Proyecto del Genoma Humano financiado con fondos públicos y lanzado en 1990, Venter fundó Celera. Su equipo empleó la secuenciación por escopeta (shotgun sequencing) —que consiste en fragmentar el ADN en trozos aleatorios para su posterior reensamblaje mediante computadora—, lo que contrastaba con el método metódico Sanger del Proyecto del Genoma Humano. Ambos esfuerzos anunciaron borradores de las secuencias del genoma humano en el año 2000, con publicaciones posteriores en 2001, aunque Celera retuvo inicialmente algunos datos para su comercialización. Tras el genoma, el yate de Venter, Sorcerer II, recolectó muestras de agua de mar en todo el mundo entre 2004 y 2006, revelando millones de proteínas y más de 1.000 nuevas familias. En 2010, su equipo creó una célula sintética insertando un genoma fabricado en laboratorio en Mycoplasma capricolum, reemplazando su original de Mycoplasma mycoides. La célula prosperó, marcando un hito en la vida sintética, aunque los críticos cuestionaron su valor práctico. Venter trabajó posteriormente en genomas mínimos, descubriendo muchos genes esenciales de función desconocida. Su enorme impacto en la genómica, la biología y la biodiversidad marcará la historia científica.