Un nuevo libro de la bioeticista Daphne O. Martschenko y el sociólogo Sam Trejo explora las implicaciones de las puntuaciones poligénicas en las pruebas genéticas, destacando posibles desigualdades y mitos sobre la genética. A través de su 'colaboración adversarial', los autores debaten si tal investigación puede promover la equidad o afianzar divisiones sociales. Piden una regulación más estricta para garantizar un uso responsable.
En su libro What We Inherit: How New Technologies and Old Myths Are Shaping Our Genomic Future, Daphne O. Martschenko de Stanford y Sam Trejo de Princeton presentan opiniones divergentes sobre la genómica social tras una década de colaboración. Martschenko sostiene que los datos genéticos han justificado históricamente desigualdades, mientras que Trejo ve valor en recopilar más información para aprovechar beneficios potenciales. Los autores identifican dos mitos genéticos clave: el mito del destino, originado en Hereditary Genius de Francis Galton de 1869, que separó la naturaleza de la crianza e influyó en políticas eugenésicas en EE.UU. y la Alemania nazi; y el mito de la raza, la idea errónea de que el ADN crea grupos raciales discretos. Se centran en las puntuaciones poligénicas, que agregan pequeños efectos genéticos para predecir rasgos como la altura, la depresión o el rendimiento educativo. Estas puntuaciones son probabilísticas, están influenciadas por el entorno y son menos precisas para no europeos o rasgos múltiples debido a estudios centrados en europeos. Las puntuaciones poligénicas se usan en FIV para la selección de embriones. Genomic Prediction ofrece puntuaciones para afecciones como la diabetes y enfermedades cardíacas, aunque dejó de publicitarlas para discapacidad intelectual y baja estatura en medio de controversias. Otra empresa, Herasight, ofrece selección basada en inteligencia. Los autores indican que seleccionar para múltiples rasgos reduce la precisión, y los factores ambientales suelen superar las predicciones genéticas —por ejemplo, la elección de embrión de una pareja redujo el riesgo de enfermedad cardíaca en menos del 1%, comparado con intervenciones de estilo de vida. Martschenko y Trejo advierten de una menor diversidad genética y nuevas desigualdades, ya que solo familias adineradas pueden permitirse estas tecnologías, creando potencialmente una clase 'optimizada'. Coinciden en la necesidad de mejorar la educación genética más allá de conceptos mendelianos básicos y de una regulación más estricta. La selección embrionaria poligénica está prohibida en el Reino Unido, Israel y gran parte de Europa; en EE.UU., la FDA consideró supervisión en 2024, pero las empresas operan sin regulación, como suplementos, promocionando rasgos como la habilidad musical para 'bienestar'.