Un experimento de 20 años de clonación de ratones ha revelado que los clones desarrollan significativamente más mutaciones genéticas que los ratones reproducidos de forma natural, las cuales se acumulan hasta alcanzar niveles fatales tras varias generaciones. Investigadores dirigidos por Teruhiko Wakayama en la Universidad de Yamanashi, Japón, encontraron una media de más de 70 mutaciones por generación de clones, tres veces más que en los grupos de control. Los hallazgos, publicados en Nature Communications, plantean dudas sobre sus aplicaciones en la agricultura, la conservación y los esfuerzos de desextinción.
Teruhiko Wakayama, de la Universidad de Yamanashi en Japón, comenzó a realizar pruebas de clonación repetida en ratones en 2005 para evaluar la fidelidad del proceso. En 2013, su equipo informó del éxito obtenido tras 25 generaciones sucesivas, produciendo más de 500 ratones sanos que vivieron una esperanza de vida normal sin anomalías físicas. Sin embargo, a medida que la clonación continuó hasta la 58ª generación, ningún clon sobrevivió, lo que llevó a secuenciar el genoma de 10 ratones de diversas generaciones. El análisis reveló una media de más de 70 mutaciones por generación de clones, tres veces más que en los ratones que se reproducen de forma natural. Tras la 27ª generación surgieron mutaciones a gran escala, incluida la pérdida de un cromosoma X completo. Wakayama señaló: “Desgraciadamente, aunque antes se pensaba que los clones eran idénticos al original, ha quedado claro que no es así, lo que sugiere que podría haber problemas con su uso”. Sugirió que el proceso de transferencia nuclear podría dañar el ADN debido al choque físico y pidió un método más suave, aunque todavía no existe ninguno disponible. Wakayama añadió: “De cara al futuro, tenemos que demostrar que las mutaciones derivadas de la clonación no plantean problemas”. Shoukhrat Mitalipov, de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón, expresó su escepticismo, atribuyendo las mayores tasas de mutación al estado genómico de las células adultas donantes más que al propio proceso de clonación. Hizo hincapié en la importancia de seleccionar cuidadosamente las células donantes, detectar variantes y utilizar la edición genética si fuera necesario. El estudio se basa en hitos como la oveja Dolly en 1996 y el ratón Cumulina de Wakayama en 1997. Aunque las tasas de mutación siguen siendo relativamente bajas por generación y es posible realizar cribados, los resultados ponen de relieve riesgos adicionales para la clonación en la agricultura, la preservación de especies en peligro de extinción y posibles terapias humanas.