Científicos han producido las primeras células bacterianas sintéticas vivas mediante el trasplante de un genoma sintético en bacterias cuyos propios genomas fueron destruidos. El equipo del J. Craig Venter Institute denomina a estas células revividas como 'células zombi'. El método aborda desafíos en biología sintética al garantizar el control sobre el nuevo genoma.
Investigadores liderados por John Glass en el J. Craig Venter Institute en La Jolla, California, mataron células de la bacteria Mycoplasma capricolum utilizando el fármaco quimioterapéutico mitomicina C, que daña el ADN e impide la reproducción. Tal y como explicó la integrante del equipo Zumra Seidel: “La célula sigue sana, pero como ya no puede reproducirse y el genoma ya no es funcional, está destinada a morir o ya está muerta”. Posteriormente, trasplantaron una versión sintética del genoma de Mycoplasma mycoides a estas células no funcionales mediante el trasplante de genoma completo. Algunas células crecieron y se dividieron normalmente, y las pruebas genéticas confirmaron la presencia del genoma sintético. Glass describió el proceso: “Tomamos una célula sin genoma que está funcionalmente muerta. Pero al añadir un nuevo genoma, esa célula resucita”. Esto marca la creación de las primeras células bacterianas sintéticas hechas puramente a partir de partes no vivas, superando problemas como la transferencia horizontal de genes que complicaron esfuerzos anteriores, como la creación de la célula sintética de 2010. Kate Adamala, de la Universidad de Minnesota, lo elogió como un avance técnico, señalando que las células fueron puestas en marcha sin ayuda de los mecanismos de reparación del huésped. Añadió que esto desdibuja la línea entre la vida y lo inerte, cuestionando sellos distintivos como el metabolismo y la replicación. Elizabeth Strychalski, del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), sugirió que el trabajo impulsa una visión de ingeniería de los procesos de la vida. El equipo prevé aplicaciones en la producción de fármacos, combustibles o remediación ambiental, con una posible expansión a organismos como E. coli. Akos Nyerges, de la Harvard Medical School, destacó su fiabilidad para la transferencia de genomas. Las especies de Mycoplasma utilizadas son patógenas en cabras y ganado vacuno, pero las modificaciones no aumentan su virulencia y las prácticas de laboratorio minimizan los riesgos de escape. Los hallazgos aparecen en un preimpreso de bioRxiv fechado el 13 de marzo de 2026.