Un nuevo estudio muestra que las termitas evolucionaron estructuras sociales complejas perdiendo genes en lugar de ganarlos, con la monogamia desempeñando un papel clave. Los investigadores rastrearon esta evolución desde ancestros cucarachas hasta colonias masivas. Los hallazgos desafían suposiciones sobre la complejidad social en insectos.
Las termitas forman algunas de las sociedades de insectos más grandes de la Tierra, con colonias que alcanzan millones de individuos. Un estudio publicado el 29 de enero en Science explica cómo estos insectos eusociales surgieron de ancestros solitarios parecidos a cucarachas. La investigación, liderada por el profesor Nathan Lo de la School of Life and Environmental Sciences de la Universidad de Sídney, involucró a un equipo internacional de China, Dinamarca y Colombia. Analizaron genomas de cucarachas, cucarachas de madera y varias especies de termitas. Los genomas de termitas y cucarachas de madera resultaron más pequeños y simples que los de las cucarachas, con pérdidas en genes relacionados con el metabolismo, la digestión y la reproducción. «El resultado sorprendente es que las termitas aumentaron su complejidad social perdiendo complejidad genética», dijo el profesor Lo. Esto contradice la idea de que las sociedades avanzadas requieren genomas más intrincados. Un cambio pivotal fue el paso de los ancestros a comer madera muerta, lo que provocó adaptaciones genéticas para una dieta de baja calidad y eventual socialidad. La monogamia surgió temprano, evidenciada por la pérdida de genes para colas de espermatozoides: el esperma de termitas no puede nadar, a diferencia del de las cucarachas promiscuas. «Nuestros resultados indican que los ancestros de las termitas eran estrictamente monógamos», señaló el profesor Lo. «Una vez que la monogamia se consolidó, ya no hubo presión evolutiva para mantener genes involucrados en la motilidad del esperma». El compartir comida estructuró aún más las colonias. Las larvas alimentadas abundantemente por hermanos se desarrollan en trabajadores no reproductivos, mientras que las que reciben menos se convierten en potenciales reyes o reinas. «Estos bucles de retroalimentación en el compartir comida permiten a las colonias ajustar finamente su fuerza laboral», explicó el profesor Lo. Después de que un rey o reina muere, a menudo un descendiente les sucede, promoviendo endogamia y alta relación genética. «Desde una perspectiva evolutiva, eso refuerza aún más la consanguinidad», añadió. Financiado por fuentes como el Australian Research Council, el estudio destaca cómo la pérdida de genes y cambios conductuales construyeron megasociedades de termitas.