Contaminantes aéreos comunes como el ozono modifican los aromas químicos que las hormigas usan para identificar a los miembros de la colonia, lo que las lleva a atacar a sus propias compañeras de nido como intrusas. Investigadores alemanes expusieron hormigas a niveles realistas de ozono y observaron respuestas agresivas al regresar a la colonia. Este hallazgo pone de relieve los costes ecológicos ocultos de la contaminación más allá de la salud humana.
Las hormigas dependen de aromas químicos únicos, compuestos en parte por alquenos, para distinguir amigos de enemigos en sus colonias. Al exponerse al ozono —un contaminante emitido por vehículos e industria—, estos alquenos se descomponen, alterando sutilmente los perfiles olfativos de las hormigas. En un estudio realizado por Markus Knaden y colegas del Max Planck Institute for Chemical Ecology en Jena, Alemania, los científicos probaron este efecto en seis especies de hormigas. Crearon colonias artificiales e aislaron hormigas individuales, colocándolas en cámaras con concentraciones de ozono similares a las registradas en Jena durante el verano. Incluso pequeños cambios —alterando solo del 2 al 5 por ciento de la mezcla de aromas— provocaron ataques por parte de las compañeras de nido, incluyendo mordeduras y posible muerte. «No me lo esperaba, la verdad», comentó Knaden, sorprendido por la intensidad de las reacciones pese a los leves cambios químicos. Las implicaciones van más allá de la agresión inmediata. Los alquenos también intervienen en el seguimiento de rastros e interacciones entre adultos y larvas. En experimentos con hormigas saqueadoras clonales (Ooceraea biroi), los adultos expuestos al ozono ignoraron a sus crías, lo que sugiere disrupciones más amplias en el funcionamiento de la colonia. Daniel Kronauer, experto en hormigas de The Rockefeller University no implicado en la investigación, indicó que tales cambios en los aromas no eran sorprendentes dada la importancia clave de los alquenos en el reconocimiento. Destacó los servicios ecosistémicos vitales de las hormigas: «Si eliminaras las hormigas de la mayoría de los ecosistemas terrestres, probablemente colapsarían». Estos incluyen la dispersión de semillas, la aireación del suelo y relaciones simbióticas con otras especies. Mientras las poblaciones de insectos declinan a nivel global, este trabajo, publicado en PNAS (DOI: 10.1073/pnas.2520139123), subraya el papel de la contaminación atmosférica en la crisis. Knaden advirtió que, aunque los niveles de ozono aún no perjudiquen directamente a los humanos, «solo deberíamos saber que lo que hacemos tiene costes adicionales que quizá no habíamos considerado antes». En entornos naturales, una tal confusión podría reducir la eficiencia de la colonia y amenazar la biodiversidad.