Grist ha nombrado 'greenlash' su palabra del año para la política climática en 2025, capturando la reacción contra los esfuerzos de reducción de emisiones en medio del segundo mandato de Donald Trump. El término refleja una reversión brusca del optimismo previo, ya que EE.UU. abandonó políticas ambientales mientras la adopción global de energías renovables se disparó. A pesar del cambio político, la preocupación pública por el cambio climático sigue alta, con dos tercios de los estadounidenses expresando inquietud.
El optimismo en torno a la acción climática de EE.UU. alcanzó su punto máximo bajo el presidente Joe Biden, quien describió la crisis como una «enorme oportunidad». El Congreso promulgó la ley climática más grande del país durante su mandato, señalando una trayectoria más verde. Sin embargo, la inauguración de Donald Trump en enero de 2025 detuvo este progreso de manera abrupta. Desmanteló las políticas de su predecesor, revocó protecciones ambientales, terminó la investigación climática, se retiró de compromisos internacionales y aumentó la producción de combustibles fósiles, incluso mientras el mundo añadía paneles solares y turbinas eólicas récord.
'Greenlash' denota esta reacción reaccionaria contra la contención de emisiones. En la administración de Trump, términos como «energía limpia», «ciencia climática» y «contaminación» desaparecieron de los sitios gubernamentales. Las corporaciones atenuaron sus iniciativas climáticas, los políticos demócratas evitaron frases como «emergencia planetaria» y la cobertura mediática disminuyó. Esto influyó en el discurso público, con los estadounidenses reportando menos conversaciones sobre cambio climático en redes sociales y charlas.
Originado en Europa con resistencia a políticas como los mandatos de bombas de calor en Alemania por costos, el greenlash en EE.UU. tomó energía del populismo y divisiones culturales. Grist lo destacó como emblemático de 2025, cuando los temas climáticos perdieron prioridad política. Sin embargo, los eventos subrayaron la crisis: incendios de enero arrasaron barrios de Los Ángeles, e inundaciones de julio en Texas marcaron las más mortales en 50 años.
El sentimiento público se mantuvo estable, con alrededor de dos tercios preocupados por el calentamiento. Otros términos capturaron las tensiones del año, incluyendo 'carbon pawprint' por las emisiones de mascotas que generaron debates, 'cheap energy' como los demócratas reformularon opciones limpias por asequibilidad, y 'swasticar' burlándose de Tesla en medio de gestos controvertidos en la inauguración de Elon Musk y ventas cayendo. La orden ejecutiva de Trump de 'energy dominance' promovió fósiles, mientras 'Green New Scam' se burlaba de propuestas climáticas.