Un equipo liderado por David Julius, Premio Nobel de Medicina 2021, ha descrito el mecanismo molecular por el que las células en penacho del intestino activan una señal al cerebro que reduce el apetito en infecciones por parásitos. El estudio, publicado hoy en Nature, identifica una comunicación vía acetilcolina y serotonina que activa el nervio vago. El hallazgo podría ayudar a tratar afecciones como el síndrome del intestino irritable.
El equipo de David Julius, de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), ha rastreado la vía que conecta el sistema inmunitario intestinal con el cerebro durante infecciones por gusanos parásitos. Las células en penacho detectan parásitos mediante succinato y liberan acetilcolina en dos fases: una ráfaga inicial breve y una liberación sostenida tras la respuesta inmunitaria completa. Esta acetilcolina estimula a las células enterocromafines (EC), que liberan serotonina y activan fibras del nervio vago hacia el cerebro, provocando pérdida de apetito similar a la gastroenteritis, según el estudio publicado este miércoles en Nature. La primera autora, Koki Tohara, explicó: “Las células en penacho hacen algo que hacen las neuronas, pero mediante un mecanismo completamente diferente” utilizando acetilcolina sin la maquinaria neuronal habitual. Julius señaló: “El intestino espera a confirmar que la amenaza es real y persistente antes de indicarle al cerebro que cambie tu comportamiento” explicando el retraso en los síntomas. Richard Locksley, coautor e inmunólogo de UCSF, destacó el interés en cómo estas células sin conexión sináptica modifican la conducta. Experimentos con ratones infectados confirmaron el mecanismo: animales con células en penacho intactas comieron menos, mientras que los modificados genéticamente para no producir acetilcolina mantuvieron la ingesta normal. Los autores sugieren aplicaciones para controlar respuestas en infecciones y afecciones como intolerancias alimentarias o dolor visceral crónico, dado que las células en penacho están en otros epitelios como vías respiratorias. Expertos españoles como Félix Viana del Instituto de Neurociencias de Alicante lo califican de “interesante” y relevante para defensas en otros tejidos, mientras José Luis Trejo del Centro de Neurociencias Cajal lo ve como una “interfaz sensorial” con potencial terapéutico.