La ansiedad se manifiesta en formas sutiles como inquietud constante o tensión corporal, y no se combate luchando contra ella, sino regulándola con comprensión. Técnicas como la respiración consciente y el anclaje sensorial ayudan a activar la calma y traer la mente al presente. Estas prácticas, aplicadas con constancia, permiten manejar la ansiedad sin que domine la vida diaria.
La ansiedad afecta a muchas personas de manera cotidiana, manifestándose como pensamientos repetitivos, dificultad para concentrarse o una alerta persistente, según un artículo publicado en Cali. En lugar de intentar eliminarla por completo, el enfoque recomendado es aprender a manejarla mediante prácticas accesibles que interrumpan sus efectos inmediatos.
Una de las herramientas más simples es la respiración controlada: inhalar por la nariz contando hasta cuatro, retener el aire dos segundos y exhalar por la boca hasta seis. Repetir este ciclo por dos o tres minutos activa el sistema nervioso parasimpático, promoviendo relajación y reduciendo la percepción de peligro en el cerebro.
Para anclarse al presente y contrarrestar la tendencia de la mente a proyectarse al futuro, se sugiere el ejercicio de anclaje sensorial. Este consiste en identificar cinco cosas visibles, cuatro táctiles, tres auditivas, dos olfativas y una gustativa, lo que obliga a la atención a enfocarse en el entorno inmediato.
El movimiento corporal suave, como caminar o estirarse, libera la energía acumulada que alimenta la ansiedad, mientras que cuestionar pensamientos con preguntas como “¿es esto un hecho o una suposición?” fomenta un pensamiento más realista. Escribir las preocupaciones también las hace más manejables al externalizarlas.
El autocuidado diario juega un rol clave: mantener rutinas de sueño y alimentación regulares, limitar la cafeína y crear pausas sin estímulos como pantallas o noticias negativas. Aceptar la ansiedad con frases como “estoy ansioso, pero estoy a salvo” reduce el miedo secundario. Si interfiere en la vida diaria, se aconseja buscar ayuda profesional para un manejo adecuado.
Estas técnicas requieren práctica constante para ser efectivas, transformando la ansiedad de una amenaza en una señal manejable.