Una nueva investigación indica que, aunque la meditación se promueve ampliamente para la salud mental, una parte sustancial de los practicantes reporta experiencias desagradables, con alrededor de un tercio que las encuentra angustiantes. El psicólogo Nicholas Van Dam y sus colegas dicen que los hallazgos subrayan la necesidad de un consentimiento informado más claro en los programas de mindfulness.
Un estudio publicado en Clinical Psychological Science informa que la meditación puede producir experiencias no deseadas para algunos practicantes, incluyendo ansiedad, sentimientos de desincorporación y, en una minoría de casos, deterioro funcional. El equipo, liderado por Nicholas Van Dam de la Universidad de Melbourne, encontró que casi el 60% de los meditadores reportó al menos un efecto secundario y aproximadamente el 30% describió efectos como desafiantes o angustiantes. Alrededor del 9% reportó deterioro en el funcionamiento diario. (sciencedaily.com)
Los investigadores encuestaron a casi 900 adultos en todo Estados Unidos en un estudio transversal basado en la población diseñado para aproximar la población de meditadores de EE.UU. utilizando datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Los participantes iban desde principiantes hasta practicantes avanzados. Para capturar experiencias de manera sistemática, el equipo utilizó una lista de verificación de 30 ítems que pedía a los encuestados calificar la intensidad, si las experiencias se sentían positivas o negativas, y si afectaban el funcionamiento diario. (psychologicalscience.org)
El estudio identificó varios factores de riesgo. Las personas que reportaron síntomas psicológicos o angustia en los 30 días anteriores eran más propensas a reportar efectos adversos. La asistencia a retiros residenciales de meditación —a menudo largos e intensivos— también se asoció con una mayor probabilidad de reportar al menos un efecto que deteriorara el funcionamiento. En la muestra, el 58.4% reportó al menos un efecto adverso en un inventario estandarizado, alrededor del 31% reportó experiencias desafiantes o angustiantes, y el 9.1% reportó deterioro funcional. (psychologicalscience.org)
“Este es el tipo de investigación que se realiza al principio del desarrollo de cualquier nuevo programa de intervención terapéutica”, dijo Van Dam, señalando que las estimaciones previas de efectos adversos varían ampliamente: desde alrededor del 1% en una revisión de 2018 de ensayos aleatorizados hasta tan alto como dos tercios en algunos estudios. La cifra más baja proviene de una revisión sistemática de programas basados en mindfulness que también destacó el monitoreo limitado de eventos adversos, mientras que estimaciones más altas han sido reportadas en trabajos de Willoughby Britton y colegas. (psychologicalscience.org)
Van Dam enfatizó que el objetivo es la conciencia, no la alarma. “Nuestras conclusiones no son que las personas deban aterrorizarse o que no deban probar la meditación. Realmente pensamos que debemos hacer un mejor trabajo en proporcionar consentimiento informado”, dijo, comparando el enfoque con cómo se divulgan los riesgos antes de una cirugía o terapia de exposición. Agregó que se necesita más investigación longitudinal para aclarar la causalidad. “Estas prácticas no son para todos”, dijo. “Si no están funcionando, podría ser porque simplemente no es una buena combinación.” (psychologicalscience.org)