Un nuevo artículo de perspectiva en Frontiers in Nutrition sostiene que los consejos de salud pública sobre la ingesta de proteínas y la actividad física están diseñados principalmente para prevenir carencias, y que muchas personas podrían beneficiarse de superar las recomendaciones mínimas actuales para fortalecer su salud, independencia y función cognitiva al envejecer.
Un nuevo estudio en Frontiers in Nutrition sostiene que las recomendaciones actuales de salud pública sobre el ejercicio y la ingesta de proteínas suelen centrarse en umbrales mínimos destinados a prevenir deficiencias, en lugar de ofrecer pautas orientadas a maximizar la funcionalidad, la independencia y la calidad de vida a largo plazo.
El autor del artículo, el Dr. Chris Macdonald—identificado en el comunicado como miembro del Lucy Cavendish College de la Universidad de Cambridge y director del Better Protein Institute—, señaló que el público suele buscar consejos más claros enfocados en mantener la fuerza y la agudeza mental a lo largo de la vida.
“Los consejos de salud pública suelen centrarse en el mínimo que las personas necesitan para evitar problemas”, dijo Macdonald. “Pero muchas personas quieren saber qué deben hacer para mantenerse fuertes, independientes y mentalmente ágiles durante toda su vida”.
Ejercicio y envejecimiento
El documento revisa investigaciones que relacionan el ejercicio regular con una serie de beneficios, como un menor riesgo de muerte, una mejor salud mental, una función cognitiva más sólida y una mayor resistencia al deterioro relacionado con la edad. Argumenta que combinar la actividad aeróbica—como caminar, correr o montar en bicicleta—con el entrenamiento de resistencia puede ofrecer beneficios especialmente marcados, y que la actividad física debe verse no solo como una forma de evitar enfermedades, sino también como una manera de mantener la fuerza, la movilidad y la independencia.
Ingesta de proteínas más allá de las recomendaciones mínimas
Respecto a las proteínas, el documento argumenta que la guía actual del Reino Unido se basa en gran medida en la prevención de deficiencias en adultos sedentarios, y señala investigaciones que sugieren que las personas físicamente activas, los adultos mayores y las mujeres embarazadas podrían beneficiarse de una mayor ingesta de proteínas.
El estudio también destaca pruebas de que las dietas con mayor contenido proteico pueden favorecer la pérdida de grasa, atribuyéndolo a una mayor saciedad y a un efecto térmico más elevado. Añade que una mayor ingesta de proteínas no se limita a las dietas basadas en carne, indicando que las dietas vegetales bien planificadas pueden proporcionar suficiente cantidad de proteínas.
En lugar de sustituir las directrices existentes, Macdonald aboga por complementarlas con recomendaciones centradas en lo que denomina “resultados de salud óptimos”, junto con una comunicación pública más clara y práctica sobre cómo el ejercicio y la ingesta de proteínas pueden favorecer el rendimiento físico y cognitivo a largo plazo.