Un nuevo estudio publicado a principios de este mes en Frontiers in Sustainable Food Systems ha puesto de manifiesto una brecha entre la defensa y la evidencia empírica para la expansión de los sistemas agrícolas indígenas frente a los impactos del cambio climático en la agricultura. Investigadores dirigidos por Kamaljit Sangha, de la Universidad Charles Darwin, revisaron 49 artículos sobre las prácticas de los pueblos indígenas y las comunidades locales, conocidos como IPLC. Los hallazgos destacan beneficios como la protección del suelo y el apoyo a la biodiversidad, pero reclaman más datos sobre la productividad y el valor económico.
Kamaljit Sangha, investigadora en economía ecológica de la Universidad Charles Darwin, dirigió la revisión que examina los métodos agrícolas tradicionales, como el cultivo intercalado de maíz, frijoles y calabaza. Se ha demostrado que estas prácticas protegen la salud del suelo, reducen la pérdida de biodiversidad y preservan los conocimientos ecológicos tradicionales. Sin embargo, Sangha señaló la falta de estudios rigurosos que midan su escalabilidad y productividad cuantitativa en comparación con la agricultura convencional, la cual enfrenta riesgos climáticos crecientes como el aumento de las temperaturas, la degradación del suelo y la alteración de la nutrición de los cultivos. Actualmente, los sistemas alimentarios representan el 26 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y se necesita un aumento de la producción de entre el 35 y el 56 por ciento para 2050 para alimentar a 10 mil millones de personas sin necesidad de seguir deforestando, afirmaron los investigadores. Sangha enfatizó los valores no monetarios, incluidos la reducción del gasto familiar en alimentos, medicinas, fibra y combustible. “¿Cómo podemos cambiar la perspectiva para reconocer los valores holísticos y múltiples [de la agricultura indígena], que permanecen en gran medida ocultos en la forma actual de medir la importancia de estos sistemas alimentarios?”, cuestionó Sangha. La investigadora espera que destacar estos aspectos atraiga la atención de los responsables políticos y el apoyo gubernamental. El estudio también aborda el papel del colonialismo en la erosión de las prácticas y dietas indígenas, abogando por la integración de los sistemas tradicionales y modernos mediante inversiones específicas. En 2024, el Fondo del Marco Mundial de Biodiversidad de las Naciones Unidas asignó el 20 por ciento de los recursos a las mejoras de las tierras de los IPLC y a la conservación de la biodiversidad, aunque siguen sin existir compromisos específicos para los sistemas alimentarios tradicionales.