Científicos de la Universidad de Yale han descubierto evidencia química de opio en un antiguo vaso de alabastro, lo que sugiere que la droga se usaba comúnmente en la sociedad egipcia antigua. El hallazgo plantea la posibilidad de que vasijas similares de la tumba del rey Tutankamón contuvieran opiáceos en su momento. Este descubrimiento señala el papel del opio en la vida diaria, la medicina y los rituales en las antiguas civilizaciones.
Investigadores del Programa de Farmacología Antigua de Yale (YAPP) analizaron un antiguo vaso de alabastro que se encuentra en la Colección Babilónica del Museo Peabody de Yale. Utilizando métodos avanzados para detectar residuos orgánicos, identificaron biomarcadores como noscapina, hidroicotarnina, morfina, tebaína y papaverina, indicadores claros de opio.
El vaso, inscrito en lenguas acadia, elamita, persa y egipcia, está dedicado a Jerjes I, el emperador aqueménida que gobernó desde el 486 al 465 a.C. Una inscripción adicional en demótico indica que contiene alrededor de 1.200 mililitros y mide 22 centímetros de alto. Tales vasijas intactas son raras, con menos de 10 conocidas en colecciones museísticas globales, abarcando los reinados de gobernantes aqueménidas desde el 550 al 425 a.C.
Andrew J. Koh, investigador principal del YAPP y autor principal del estudio, enfatizó las implicaciones más amplias. «Nuestros hallazgos, combinados con investigaciones previas, indican que el uso de opio fue más que accidental o esporádico en las culturas egipcias antiguas y tierras circundantes, y fue, en cierto grado, una parte fija de la vida diaria», declaró Koh. Agregó que es «posible, si no probable», que las jarras de alabastro de la tumba de Tutankamón contuvieran opio, parte de una antigua tradición.
Esta evidencia se alinea con detecciones anteriores de opiáceos en vasijas de una tumba del Nuevo Reino en Sedment, Egipto, datada entre los siglos XVI y XI a.C. Textos históricos, incluidos el Papiro Ebers y obras de Hipócrates y Dioscórides, hacen referencia a la planta del amapola en contextos medicinales y rituales.
La tumba de Tutankamón, descubierta por Howard Carter en noviembre de 1922, arrojó muchas vasijas de alabastro con residuos pegajosos, marrón oscuro no identificados. En 1933, el químico Alfred Lucas los examinó pero no pudo precisar su contenido, señalando que era improbable que fueran perfumes. Los antiguos saqueadores apuntaron a estas jarras, raspando sus valiosos interiores, como evidencian las marcas de dedos.
Koh sugirió que los vasos pudieron haber servido como marcadores culturales del uso de opio, similar a los narguiles modernos para el tabaco. El estudio, coescrito por Agnete W. Lassen y Alison M. Crandall, aparece en el Journal of Eastern Mediterranean Archaeology and Heritage Studies. Un análisis adicional de las jarras no saqueadas de Tutankamón en el Gran Museo Egipcio podría aclarar el papel social del opio.
«Ahora hemos encontrado firmas químicas de opiáceos en vasijas de alabastro egipcias asociadas a sociedades de élite en Mesopotamia e integradas en circunstancias culturales más ordinarias dentro del antiguo Egipto», concluyó Koh.