El análisis arqueológico de fosas comunes en el noreste de Francia ha descubierto evidencia de violencia ritualizada tras las primeras guerras de Europa. Los investigadores utilizaron análisis de isótopos para demostrar que las víctimas eran forasteros sometidos a actos deliberados y simbólicos de brutalidad. Los hallazgos sugieren que los conflictos prehistóricos implicaban exhibiciones estructuradas de poder en lugar de caos aleatorio.
En un estudio publicado en Science Advances, los científicos examinaron restos de fosas comunes en los yacimientos de Achenheim y Bergheim en Alsacia, datados entre 4300-4150 a.C. Estos enterramientos neolíticos contienen esqueletos completos con signos de violencia extrema, junto a fosas con extremidades superiores izquierdas seccionadas. Los patrones difieren de las masacres típicas, apuntando en cambio a rituales organizados posteriores a la batalla. nnEl análisis multi-isótopo de huesos y dientes reveló diferencias clave entre las víctimas y los locales enterrados en tumbas estándar. Las víctimas mostraban firmas dietéticas distintas, mayor movilidad y estrés fisiológico, lo que indica que eran forasteros. En contraste, las extremidades seccionadas coincidían con perfiles isotópicos locales, sugiriendo que eran trofeos de enemigos cercanos abatidos en combate. nnEsta evidencia respalda un ritual de dos niveles: enemigos locales desmembrados como botines de batalla, mientras que cautivos lejanos soportaban tortura y ejecución como espectáculos públicos. Tales actos, argumentan los investigadores, servían para avergonzar a los enemigos, reforzar la identidad grupal y afirmar el dominio. nn«Estos hallazgos hablan de una práctica social profundamente arraigada, una que utilizaba la violencia no solo como guerra, sino como espectáculo, memoria y afirmación de dominio», dijo el profesor Rick Schulting, coautor de la Universidad de Oxford. nnEl estudio, dirigido por la Dra. Teresa Fernández-Crespo, desafía las visiones de la violencia prehistórica como mero caos impulsado por la supervivencia. Destaca cómo la guerra se entrelazaba con el ritual en las primeras sociedades, moldeando estructuras culturales y sociales. Financiada por una subvención de la Unión Europea, la investigación involucró equipos de instituciones en Francia, el Reino Unido, Bélgica y España.