Un estudio realizado en ratones ha descubierto que trasplantar microbios intestinales de animales jóvenes a otros de mayor edad puede restaurar niveles de plasticidad cerebral propios de la juventud. La investigación apunta a nuevas formas potenciales de tratar afecciones que, normalmente, solo son reversibles durante la infancia.
Investigadores dirigidos por Paola Tognini, de la Escuela Superior Santa Ana de Pisa, administraron microbiota fecal de donantes de unos 30 días de edad a ratones adultos. Solo aquellos que recibieron los microbios jóvenes mostraron una neuroplasticidad renovada al sellarles temporalmente un ojo, una prueba estándar de la capacidad del cerebro para reorganizarse. El equipo demostró primero que alterar el microbioma con antibióticos en ratones jóvenes reducía la plasticidad y alteraba más de 1.000 genes vinculados a la mielinización y a la función de la barrera hematoencefálica. El trasplante de microbiota joven revirtió déficits similares en los adultos. Expertos independientes señalaron que los hallazgos sugieren que el microbioma intestinal ayuda a establecer el ritmo de las ventanas críticas del desarrollo, aunque su aplicación directa en humanos sigue siendo incierta debido a las diferencias en la complejidad cerebral y a la influencia del estilo de vida.