Cuatro meses después de que una explosión en una instalación petrolera en Roseland, Luisiana, esparciera lodo tóxico por la comunidad mayoritariamente negra, los residentes siguen escépticos sobre los esfuerzos de ayuda federales y estatales. Una demanda de $1.000 millones contra el operador, Smitty’s Supply, apunta a violaciones pero podría no ayudar directamente a las familias afectadas. La limpieza se retrasa, persisten problemas de salud y los defensores ambientales destacan patrones de negligencia en áreas desatendidas.
La explosión en la instalación de Smitty’s Supply en Roseland, un pueblo de unos 1.100 residentes con un ingreso anual promedio de $17.000, ocurrió aproximadamente cuatro meses antes de enero de 2026. La explosión liberó un lodo negro que contenía aceite, lubricantes para vehículos y químicos PFAS causantes de cáncer, que se extendió hasta 50 millas, contaminando hogares, granjas y vías fluviales. El alcalde Van Showers, que lidera la comunidad mayoritariamente negra, informa que más de la mitad de las propiedades aún tienen residuos en paredes, techos y suelos.
Inicialmente, los funcionarios instruyeron a los residentes a encargarse ellos mismos de la limpieza, lo que generó tensiones financieras. Un residente con ingresos fijos acumuló más de $1.000 en deudas de tarjeta de crédito al reemplazar paneles de remolque manchados. Para octubre de 2025, tras la presión de la comunidad, las agencias federales y estatales aumentaron su participación: recorrieron el área, presentaron la demanda y probaron la vida silvestre en busca de contaminación. Un informe estatal reveló que se recuperaron 74 animales vivos de la zona, 59 de los cuales mostraban signos de haber ingerido o estar cubiertos de la sustancia aceitosa; ocho estaban muertos, incluidos cuatro tortugas y un caimán. Mascotas, ganado como vacas y caballos, e incluso terneros nacidos muertos han sufrido, con muchos animales muriendo.
El Departamento de Justicia de EE.UU. y los reguladores de Luisiana acusan a Smitty’s de años de violaciones de seguridad, incluyendo la ausencia de planes de prevención de derrames, permitiendo que millones de galones de agua contaminada fluyeran a zanjas. La demanda busca más de $1.000 millones en multas. Smitty’s mantiene que el incidente fue un "incendio industrial imprevisto" y afirma compromiso con las regulaciones, aunque documentos estatales muestran bombeo de líquidos aceitosos no permitidos a vías fluviales después de la demanda.
Residentes como la trabajadora de guardería de 58 años Millie Simmons reportan irritación respiratoria continua y fatiga, limitando el tiempo al aire libre. Showers, que trabaja en una planta de pollo local, repite quejas generalizadas de enfermedades y propiedades sin limpiar. "La gente quiere saber cuándo van a recibir ayuda", dijo. Duda que la demanda beneficie al pueblo, ya que las multas suelen financiar limpiezas generales en lugar de ayuda directa.
En octubre, la responsabilidad de la limpieza pasó al estado y Smitty’s, con algunas propiedades atendidas pero muchas reclamaciones ignoradas. Showers recibió reembolso por solo una noche de hotel después de evacuar; sus perros murieron después sin más compensación. La Red de Acción Ambiental de Luisiana planea su propia demanda, citando cultivos y pozos contaminados. La directora ejecutiva Marylee Orr se preocupa por la ansiedad por preguntas sin respuesta: "La gente no se siente segura en sus hogares."
Esto refleja un racismo ambiental más amplio en Luisiana, donde áreas negras y de bajos ingresos enfrentan impactos desproporcionados de desastres y recuperación demorada. Bajo la administración Trump, la aplicación de la EPA y el DOJ ha caído bruscamente: 20 acciones y $15,1 millones en multas en 11 meses, frente a $590 millones en los últimos 19 días de Biden. Las políticas ahora ignoran el estatus minoritario en la priorización. Showers, un demócrata negro en un estado conservador, se siente aislado, enterándose de detalles de contaminación por las noticias en lugar de funcionarios. Menos de tres cuartos de las propiedades están limpias, dejando a los residentes cuestionando la seguridad del agua y riesgos de salud a largo plazo como el cáncer.