Nuevos hallazgos desafían la visión tradicional de los cinco sentidos, proponiendo que los humanos podrían tener entre 22 y 33 distintos. Estos sentidos se fusionan para crear nuestra percepción del mundo, influyendo desde el gusto hasta el equilibrio. Expertos de la Universidad de Londres destacan cómo las experiencias cotidianas revelan esta complejidad.
Las descripciones tradicionales, que datan de Aristóteles, describen la percepción humana mediante cinco sentidos: vista, sonido, olfato, tacto y gusto. Sin embargo, la investigación moderna indica que este marco es incompleto. El profesor Charles Spence, del Crossmodal Laboratory de Oxford, estima que colegas neurocientíficos reconocen desde 22 hasta 33 sentidos, en cualquier lugar entre ese rango. Entre estos se encuentran la propiocepción, que permite la conciencia de las posiciones de las extremidades sin indicios visuales, y el sistema vestibular para el equilibrio, que integra los canales del oído, la vista y la propiocepción. La interocepción supervisa estados internos como el ritmo cardíaco o el hambre, mientras que los sentidos de agencia y propiedad pueden fallar en pacientes de derrame cerebral, lo que lleva a algunos a sentirse desligados de sus propias extremidades. El gusto no emerge como un sentido único, sino como una fusión de tacto, olfato y gustación —la detección de sal, dulce, agrio, amargo y umami en la lengua—. Los sabores frutales como el de frambuesa surgen de aportes olfativos y táctiles combinados, con el olfato que aporta la contribución dominante al sabor, ya que los compuestos odoríferos viajan de la boca a la nariz durante la masticación. Las interacciones son abundantes: los aromas del champú alteran la percepción de la textura del cabello, con el de rosa que lo hace sentir más sedoso, y los yogures bajos en grasa parecen más ricos debido a los olores. El ruido de las aeronaves reduce las percepciones de sal, dulce y agrio, pero potencia el umami, explicando por qué el jugo de tomate sabe mejor en vuelo. El Centre for the Study of the Senses, en la School of Advanced Study de la Universidad de Londres, explora estos mediante su proyecto Rethinking the Senses de 2013, dirigido por el fallecido profesor Sir Colin Blakemore. Los hallazgos incluyen cómo los sonidos alterados de los pasos afectan el peso corporal percibido y cómo las audioguías inmersivas en Tate Britain mejoran el recuerdo de detalles de las pinturas. Una exposición en curso, Senses Unwrapped en el Coal Drops Yard de King's Cross en Londres, demuestra ilusiones como el efecto tamaño-peso, donde objetos más pequeños se sienten más pesados pese a tener igual masa. Barry Smith, director del Institute of Philosophy allí, enfatiza pausar para advertir estos procesos multisensoriales en la vida diaria.