El ensayo "Sweet Tooth Trial", de seis meses de duración, concluye que cambiar el sabor dulce de los alimentos no altera el gusto por el dulce ni los marcadores metabólicos clave.

Verificado por hechos

Un ensayo controlado aleatorizado en 180 adultos descubrió que prescribir dietas altas, regulares o bajas en alimentos de sabor dulce durante seis meses no modificaba la afición de los participantes por el sabor dulce, el peso corporal, la ingesta energética o varios biomarcadores relacionados con la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Los investigadores concluyeron que los resultados no respaldan los consejos de salud pública destinados a reducir la exposición a los alimentos de sabor dulce, independientemente de que el dulzor proceda del azúcar, los edulcorantes bajos en calorías, la fruta o los lácteos.

Investigadores de la Universidad e Investigación de Wageningen, en los Países Bajos, y de la Universidad de Bournemouth, en el Reino Unido, informan de que alterar durante seis meses la exposición al sabor dulce en una "dieta completa" no modificó la preferencia de los adultos por el dulce ni mejoró varios indicadores de salud utilizados habitualmente.

El estudio -conocido como Sweet Tooth Trial y publicado en el American Journal of Clinical Nutrition- asignó aleatoriamente 180 adultos sanos a uno de los tres grupos diseñados para diferir en la cantidad de alimentos y bebidas con sabor dulce que se les suministraba: un grupo de baja exposición al sabor dulce (61 participantes), un grupo de exposición regular (60) y un grupo de alta exposición (59). El sabor dulce se proporcionó mediante una mezcla que incluía azúcares, edulcorantes bajos en calorías y alimentos naturalmente dulces como la fruta y los lácteos, según el artículo.

A lo largo de la intervención, los investigadores evaluaron resultados como el gusto por el sabor dulce, la intensidad percibida del sabor dulce, la elección de alimentos y la ingesta energética, el peso corporal y los biomarcadores relacionados con la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. La principal comparación del ensayo fue el cambio desde el inicio hasta el sexto mes, y el equipo también informa de mediciones de seguimiento tras la intervención.

Los investigadores no hallaron diferencias significativas entre los grupos en los cambios del gusto por el sabor dulce o la intensidad percibida, y tampoco informaron de diferencias entre los grupos en la ingesta energética, el peso corporal o los marcadores medidos de diabetes y enfermedades cardiovasculares durante el periodo de seis meses. Aunque las mediciones dietéticas y urinarias indicaron que la exposición al sabor dulce varió entre los grupos durante la intervención, el artículo señala que los participantes volvieron a los niveles iniciales de ingesta de alimentos dulces tras la intervención.

Katherine M. Appleton, catedrática de psicología de la Universidad de Bournemouth y autora del estudio, afirmó que los resultados no respaldan las recomendaciones de reducir la exposición al sabor dulce en general -independientemente de otros factores-, ya que el ensayo no demostró que comer menos alimentos dulces redujera la preferencia por el dulce.

Los autores sostienen que, a la vista de los resultados, es posible que haya que reconsiderar los mensajes de salud pública que se centran en el sabor dulce, y que otras características de los alimentos, como la densidad energética y la forma, siguen siendo importantes a la hora de abordar los riesgos para la salud relacionados con la dieta.

El ensayo se registró en ClinicalTrials.gov como NCT04497974.

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