Evaluación de las pruebas sobre los riesgos para la salud de los alimentos ultraprocesados

Basándose en advertencias como la serie de 2025 de The Lancet, los investigadores relacionan los alimentos ultraprocesados con problemas de salud como la obesidad y el cáncer, aunque principalmente a través de correlaciones. Un ensayo histórico de 2019 aporta la prueba causal más sólida al demostrar que se come en exceso con este tipo de dietas. Continúan los debates sobre la normativa en medio de preocupaciones sobre su viabilidad.

Los alimentos ultraprocesados (UPF) -definidos por el sistema Nova del grupo de Carlos Monteiro como productos reformulados industrialmente con aditivos como emulgentes y saborizantes- dominan las dietas modernas. Tras la serie de 2025 de The Lancet en la que se destaca su aumento mundial y las necesidades políticas, se intensifica el escrutinio de las pruebas sanitarias.

Más de 100 estudios observacionales correlacionan la ingesta elevada de UPF con un mayor riesgo de cáncer, diabetes, demencia, enfermedades cardíacas e intestinales y obesidad. Las limitaciones incluyen la dependencia de los autoinformes y la confusión por el alto contenido de azúcar/sal/grasa. Los datos más sólidos proceden de un ensayo cruzado aleatorizado de 2019: 20 adultos comieron ad libitum con dietas UPF o no procesadas durante dos semanas cada uno, consumiendo ~500 calorías diarias más con las UPF, ganando ~1kg frente a la pérdida de ~1kg con las no procesadas, lo que sugiere que la hiperpalatabilidad impulsa a comer en exceso.

Otros motivos de preocupación son los contaminantes del procesado, los aditivos que alteran el microbioma intestinal y la inflamación. Países como Brasil, Bélgica y Nueva Zelanda han revisado sus directrices para dar prioridad a los niveles de procesado frente a los nutrientes.

Los defensores de este tipo de productos abogan por intervenciones similares a las del tabaco: advertencias, prohibición de anuncios, restricciones en las escuelas e impuestos. Los detractores señalan la amplitud de la categoría (por ejemplo, algunos yogures, pan integral) y el desacuerdo de los expertos sobre su clasificación, además de las dificultades para los consumidores con poco tiempo o dinero. La mayoría de los expertos coinciden en que minimizar los UPF a través de los alimentos integrales es beneficioso para la salud y que su uso ocasional es tolerable.

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