Un ayuno de siete días solo con agua provoca cambios moleculares importantes en todo el cuerpo, y los efectos más significativos aparecen recién después de tres días sin ingerir alimentos. Los investigadores realizaron un seguimiento de los cambios en las proteínas de voluntarios sanos para trazar un mapa detallado de estas respuestas. Los hallazgos subrayan tanto los posibles beneficios para la salud como los riesgos del ayuno prolongado.
Investigadores de la Queen Mary University of London y de la Norwegian School of Sports Sciences monitorearon a 12 voluntarios sanos durante un ayuno de siete días. Recolectaron muestras de sangre diariamente y analizaron cerca de 3,000 proteínas para observar los cambios internos. El cuerpo pasó de utilizar glucosa a quemar grasa durante los primeros dos o tres días, lo que resultó en una pérdida de peso promedio de 5.7 kilogramos. La mayor parte de la pérdida de tejido magro se recuperó después de reanudar la alimentación, mientras que la pérdida de grasa se mantuvo en gran medida.