Químicos de la Universidad de Bristol analizaron el aire alrededor de diminutos fragmentos de momias egipcias para identificar compuestos orgánicos volátiles relacionados con los materiales de embalsamamiento. El estudio, que abarca restos desde el 3200 a. C. hasta el 395 d. C., encontró 81 compuestos distintos procedentes de aceites, resinas, cera de abeja y betún. Estas pistas muestran que las prácticas de momificación se volvieron más complejas con el tiempo.
Investigadores dirigidos por la Dra. Wanyue Zhao, investigadora asociada en Geoquímica Orgánica en la Universidad de Bristol, examinaron los gases alrededor de fragmentos de momias del tamaño de un grano de pimienta. Utilizando microextracción en fase sólida, cromatografía de gases y espectrometría de masas de alta resolución, analizaron 35 muestras de bálsamos y vendajes de 19 momias que abarcan más de 2.000 años, desde el 3200 a. C. hasta el 395 d. C. Este método no destructivo identificó 81 compuestos orgánicos volátiles (COV), agrupados en categorías relacionadas con ingredientes específicos: grasas y aceites que producen compuestos aromáticos y ácidos grasos de cadena corta; cera de abeja que genera ácidos grasos monocarbóxilicos y compuestos cinámicos; resinas vegetales que liberan compuestos aromáticos y sesquiterpenoides; y betún que produce compuestos nafténicos. La Dra. Zhao señaló: «Nuestros hallazgos mostraron que los patrones químicos variaban a lo largo de los períodos históricos. Las momias más antiguas tenían perfiles más simples dominados por grasas y aceites, mientras que las momias posteriores mostraban mezclas más complejas que incorporaban resinas y betún importados». Las firmas químicas también diferían según la parte del cuerpo, con las muestras de la cabeza mostrando patrones distintos a las del torso, lo que sugiere recetas de embalsamamiento variadas. La Dra. Zhao añadió: «Esta es un área que necesita más análisis e investigación para entender mejor qué técnicas se utilizaron y por qué». El coautor, el profesor Richard Evershed, de Química en la Universidad de Bristol, destacó la sensibilidad del método: «Nuestro análisis de volátiles resultó lo suficientemente sensible como para detectar residuos a concentraciones extremadamente bajas. Por ejemplo, los biomarcadores del betún eran previamente difíciles de detectar con métodos anteriores de residuos solubles». El profesor Ian Bull, de Química Analítica en la Universidad de Bristol, enfatizó su valor para los museos: «El análisis de volátiles proporciona un primer paso efectivo e iluminador para estudiar restos embalsamados en colecciones y períodos de tiempo». Los hallazgos aparecen en la Journal of Archaeological Science.