Un estudio realizado a más de 375,000 finlandeses ha relacionado el tratamiento hospitalario de infecciones graves, como la cistitis y la neumonía, con un mayor riesgo de desarrollar demencia en un plazo de cinco a seis años. Los investigadores identificaron 29 afecciones asociadas con un incremento del riesgo de al menos un 20 por ciento, en el que las infecciones desempeñan un papel clave. Los hallazgos sugieren que prevenir dichas infecciones podría ayudar a modificar el riesgo de demencia.
Un equipo de investigadores dirigido por Pyry Sipilä de la Universidad de Helsinki analizó los historiales médicos de 62,555 personas de 65 años o más que recibieron un diagnóstico de demencia entre 2017 y 2020. Compararon a estos individuos con 312,772 personas de control sin demencia, realizando un seguimiento de sus diagnósticos y hospitalizaciones durante las dos décadas anteriores, emparejándolos por edad, sexo, nivel educativo y estado civil. El estudio, publicado en PLOS Medicine (DOI: 10.1371/journal.pmed.1004688), identificó 29 afecciones vinculadas a un riesgo de demencia al menos un 20 por ciento mayor unos cinco a seis años después. La mayoría no eran infecciosas y afectaban al corazón o al cerebro, pero la cistitis —una infección bacteriana del tracto urinario— y otras infecciones bacterianas no especificadas destacaron significativamente. Un análisis más profundo reveló que estas infecciones impulsaban gran parte del riesgo elevado. Sipilä señaló que la inflamación relacionada con las infecciones podría atravesar la barrera hematoencefálica y causar daños, y destacó la creciente evidencia de que las vacunas contra el herpes zóster y la gripe podrían reducir las probabilidades de demencia. En cuanto a la demencia de aparición temprana antes de los 65 años, la enfermedad de Parkinson y los traumatismos craneales representaron los riesgos más altos, pero infecciones como la gastroenteritis, la colitis infecciosa o inespecífica, la neumonía, la caries dental y las infecciones bacterianas inespecíficas duplicaron aproximadamente el riesgo. Kuan-Ching Wu, de la Universidad de Emory, quien no participó en el estudio, afirmó que los resultados sugieren que el riesgo de demencia podría ser parcialmente modificable mediante la prevención de infecciones, como la hidratación y el tratamiento rápido de las infecciones urinarias en adultos mayores, cuyos síntomas pueden confundirse con episodios de confusión. Gill Livingston, del University College de Londres, calificó el estudio como de alta calidad y con una plausibilidad biológica que respalda un posible vínculo causal. Sipilä advirtió que las correlaciones no prueban causalidad y solicitó ensayos de intervención para poner a prueba estrategias de prevención.