Un quitón de aguas profundas recién descubierto ha sido nombrado Ferreiraella populi mediante una campaña en línea global que recibió más de 8.000 sugerencias. La especie, hallada en la fosa de Izu-Ogasawara en Japón, honra la participación del público en su descripción científica. Este esfuerzo destaca formas innovadoras de involucrar a las personas en la biodiversidad oceánica.
La Alianza de Especies Oceánicas Senckenberg (SOSA), en colaboración con Pensoft Publishers y el youtuber científico Ze Frank, lanzó una iniciativa pública de nombramiento para un raro quitón de aguas profundas. La criatura apareció en un episodio de la serie de YouTube de Frank 'True Facts', lo que llevó a los espectadores a enviar propuestas de nombres científicos con justificaciones. En una semana, más de 8.000 ideas llegaron a través de redes sociales. Los científicos seleccionaron Ferreiraella populi, donde 'populi' es latín para 'del pueblo'. Sorprendentemente, 11 participantes propusieron este nombre de forma independiente. Otras sugerencias notables incluyeron Ferreiraella stellacadens, evocando una estrella fugaz debido al patrón de estéticas del animal, y Ferreiraella ohmu, inspirado en una figura similar a un quitón de una película de Studio Ghibli. '¡Nos abrumó la respuesta y la enorme cantidad de sugerencias creativas de nombres!', dijo la Prof. Dra. Julia Sigwart, copresidenta de SOSA en el Instituto de Investigación Senckenberg. 'El nombre que elegimos, Ferreiraella populi, se traduce como 'del pueblo''. Descubierta por primera vez en 2024 a 5.500 metros en la fosa de Izu-Ogasawara, este quitón pertenece al género Ferreiraella, que habita maderas hundidas en el mar profundo. Cuenta con ocho placas acorazadas, una rádula reforzada con hierro y alberga gusanos cerca de su cola que se alimentan de sus excrementos. Los quitones, que recuerdan a un híbrido de caracol y escarabajo, pueden enrollarse en una bola para protección y prosperan desde aguas someras hasta profundidades de 7.000 metros. La descripción oficial apareció en la revista de acceso abierto Biodiversity Data Journal, solo dos años después del descubrimiento: un plazo rápido dirigido a la conservación ante amenazas como la minería en aguas profundas. Sigwart enfatizó la urgencia: 'A menudo puede tomar diez, si no veinte años, para que una nueva especie sea estudiada, descrita científicamente, nombrada y publicada... Esto es crucial para la conservación de la diversidad marina'. Este caso subraya la biodiversidad no explotada en los ecosistemas de madera caída en el océano y el valor de la participación pública en la taxonomía.