Investigadores de la University of Technology Sydney han creado compuestos experimentales que incitan a las mitocondrias a quemar más calorías de forma segura. Estos desacopladores mitocondriales suaves podrían ofrecer un nuevo enfoque para tratar la obesidad sin los riesgos mortales de químicos anteriores. Los hallazgos, publicados en Chemical Science, destacan beneficios potenciales para la salud metabólica y el envejecimiento.
Un equipo liderado por el profesor asociado Tristan Rawling en la University of Technology Sydney (UTS) ha desarrollado compuestos experimentales diseñados para hacer que las células quemen calorías adicionales al alterar la función mitocondrial. Las mitocondrias, conocidas como las centrales energéticas de la célula, convierten los alimentos en adenosina trifosfato (ATP), la energía química del cuerpo. Las nuevas moléculas, llamadas desacopladores mitocondriales suaves, interrumpen este proceso de forma leve, provocando que las células consuman más grasas y liberen el exceso de energía como calor en lugar de potencia utilizable.
Rawling explica el mecanismo: «Los desacopladores mitocondriales interrumpen este proceso, lo que hace que las células consuman más grasas para satisfacer sus necesidades energéticas». Lo compara con una presa hidroeléctrica, donde los desacopladores crean una pequeña fuga, permitiendo que la energía se escape como calor en lugar de generar electricidad.
Esta innovación se basa en una historia conflictiva. Hace un siglo, durante la Primera Guerra Mundial, trabajadores de municiones franceses expuestos al 2,4-dinitrofenol (DNP) experimentaron pérdida de peso rápida, temperaturas elevadas y muertes. En la década de 1930, el DNP se comercializó como fármaco para bajar de peso por su eficacia, pero se prohibió por su toxicidad, ya que la dosis terapéutica estaba peligrosamente cerca de la letal.
El estudio de la UTS, en colaboración con la Memorial University of Newfoundland, modificó estructuras químicas para producir desacopladores más seguros. Algunas variantes aumentaron la actividad mitocondrial sin dañar las células ni la producción de ATP, a diferencia de sus predecesores más agresivos. Estas versiones suaves también reducen el estrés oxidativo, lo que podría favorecer un metabolismo más saludable, ralentizar los procesos de envejecimiento y proteger contra afecciones como la demencia.
La obesidad, un problema global vinculado a la diabetes y el cáncer, a menudo requiere medicamentos inyectables con efectos secundarios. Esta investigación, publicada en 2026 en Chemical Science (DOI: 10.1039/D5SC06530E), ofrece una hoja de ruta para tratamientos orales más seguros que podrían mejorar la quema de calorías mientras aportan beneficios más amplios para la salud. Aunque está en etapa inicial, aborda una necesidad crítica en la salud pública.