Científicos han descubierto que las moscas de la nieve, unos pequeños insectos sin alas, producen proteínas anticongelantes y generan su propio calor corporal para mantenerse activas a temperaturas bajo cero de hasta -6 grados Celsius. Investigadores de la Universidad Northwestern secuenciaron el genoma de estos insectos por primera vez, revelando genes inusuales y una sensibilidad reducida al dolor provocado por el frío. Los hallazgos, publicados el 24 de marzo en Current Biology, ofrecen una visión sobre las adaptaciones al frío extremo.
Las moscas de la nieve se desplazan sobre superficies nevadas en busca de pareja y para poner huevos, prosperando en condiciones que inmovilizan a la mayoría de los insectos. Un estudio dirigido por Marco Gallio, profesor de neurobiología en el Weinberg College of Arts and Sciences de la Universidad Northwestern, reveló múltiples mecanismos de supervivencia en la especie Chionea alexandriana. Codirigido por Marcus Stensmyr de la Universidad de Lund en Suecia, el equipo de investigación descubrió que estos insectos producen proteínas anticongelantes estructuralmente similares a las de los peces árticos, las cuales se unen a los cristales de hielo y previenen daños celulares por congelación. También identificaron genes asociados con la termogénesis mitocondrial, lo que permite a las moscas generar calor de manera similar a la grasa parda en mamíferos como los osos polares. Los experimentos lo confirmaron: moscas de la fruta modificadas que expresan proteínas de mosca de la nieve sobrevivieron mejor al congelamiento, y los propios insectos mantuvieron temperaturas internas unos grados más cálidas que el frío ambiental sin necesidad de tiritar. Gallio señaló: 'Las moscas de la nieve no solo toleran el frío, tienen múltiples formas de contrarrestarlo'. El equipo secuenció el genoma de la mosca de la nieve, revelando muchos genes nuevos que no se encuentran en las bases de datos. 'Al principio, pensé que debíamos haber secuenciado alguna especie alienígena', dijo Gallio. Además, una proteína sensorial clave para detectar irritantes por frío es 30 veces menos sensible en las moscas de la nieve que en los mosquitos o las moscas de la fruta, lo que les permite soportar un estrés extremo. Stensmyr agregó: 'Es probable que las moscas de la nieve produzcan calor a nivel celular, de una forma más similar a cómo los mamíferos e incluso algunas plantas generan calor'. Estas adaptaciones explican por qué las moscas de la nieve prefieren las condiciones frías y nevadas y se retiran cuando calienta. El trabajo, apoyado por grupos como los Institutos Nacionales de Salud y la Fundación Nacional de Ciencias, podría informar estrategias para proteger células y tejidos contra los daños por frío.