Nueva investigación indica que una sequía severa que duró más de un siglo comenzó a remodelar la vida en Rapa Nui, o Isla de Pascua, alrededor de 1550. Los científicos usaron núcleos de sedimentos para reconstruir patrones de precipitaciones, revelando un descenso abrupto que influyó en prácticas sociales y rituales. Los hallazgos desafían narrativas tradicionales de colapso societal, destacando la adaptación en su lugar.
La investigación del Lamont-Doherty Earth Observatory ha proporcionado evidencia de una sequía prolongada en Rapa Nui que comenzó a mediados del siglo XVI. Al analizar núcleos de sedimentos de Rano Aroi, un humedal de gran altitud, y Rano Kao, un lago de cráter, los científicos examinaron la composición isotópica de hidrógeno en ceras de hojas de plantas preservadas. Este método permitió la reconstrucción de patrones de precipitaciones durante los últimos 800 años, mostrando una caída de unos 600-800 mm (24-31 pulgadas) por año en comparación con los tres siglos anteriores. El período seco persistió durante más de 100 años en la isla con escasez de agua, ubicada a más de 3.000 kilómetros de Chile y a más de 1.500 kilómetros de la isla habitada más cercana. El autor principal, Redmond Stein, señaló que el equipo rastreó esta historia climática para entender la interacción entre el medio ambiente y la cultura. La sequía coincidió con importantes cambios culturales: la construcción de plataformas ceremoniales ahu se ralentizó, Rano Kao surgió como un sitio ritual central y se desarrolló el sistema Tangata Manu, en el que el liderazgo se lograba mediante competiciones atléticas en lugar de herencia vinculada a estatuas moai. Estos cambios ocurrieron en medio de debates continuos sobre la historia de Rapa Nui. La narrativa tradicional de ecocidio sostiene que la deforestación causó conflictos y declive poblacional antes de la llegada europea en el siglo XVIII. Sin embargo, el estudio añade contexto climático, sugiriendo que las precipitaciones reducidas agravaron las presiones ambientales sin evidencia de una caída poblacional abrupta antes del contacto. Los investigadores enfatizan que, aunque la deforestación probablemente jugó un papel, la sequía influyó en adaptaciones en rituales, estructuras de poder y espacios sagrados. Los hallazgos subrayan la resiliencia humana, pero destacan la necesidad de priorizar las perspectivas de las comunidades actuales de Rapa Nui y de las islas del Pacífico que enfrentan impactos climáticos modernos. El trabajo futuro incluye analizar un registro de ceras foliares de 50.000 años de Rano Aroi para explorar patrones atmosféricos a largo plazo en el Pacífico sudeste.