Un estudio sobre el mímulo cardenal (Mimulus cardinalis) muestra que se recuperó de una sequía severa en California mediante evolución rápida, lo que representa el primer caso observado de rescate evolutivo en la naturaleza. Investigadores dirigidos por Daniel Anstett, de la Universidad de Cornell, siguieron la respuesta de la planta a la megasequía de 2012-2015. Aunque esto ofrece esperanza para las especies que enfrentan el cambio climático, los expertos señalan limitaciones para la adaptación a largo plazo.
El mímulo cardenal, una planta dependiente del agua nativa de arroyos, enfrentó graves desafíos durante la megasequía de California de 2012 a 2015. Daniel Anstett y su equipo en la Universidad de Cornell comenzaron a monitorear poblaciones en todo el rango de la planta en 2010, recopilando datos anuales sobre rendimiento y muestras de ADN. Tres poblaciones locales perecieron debido a la sequía, que Anstett describió como letal: «Si pusieras uno en una maceta y no lo regaras durante unos días, simplemente moriría». Sin embargo, los grupos sobrevivientes evolucionaron tolerancia a la sequía en tres años. El análisis genético reveló mutaciones en regiones del genoma asociadas con adaptaciones climáticas, lo que permitió a estas poblaciones recuperarse más rápidamente después de la sequía. Este fenómeno, denominado rescate evolutivo, implica que una especie evita el declive mediante cambios genéticos rápidos. El trabajo de Anstett, publicado en Science (DOI: 10.1126/science.adu0995), cumple tres criterios: documentar el declive de la población por una amenaza, la adaptación genética y la recuperación vinculada a esos cambios. Ejemplos previos, como los pinzones de Galápagos adaptándose a la sequía o los diablos de Tasmania respondiendo al cáncer, mostraron evolución pero no vínculos completos con la recuperación. Andrew Storfer, de la Universidad Estatal de Washington, quien investiga a los diablos de Tasmania, confirmó: «Para ser claros, hemos demostrado evolución rápida en los diablos de Tasmania. Pero con las evidencias en mano, no podemos vincularla a la recuperación demográfica». Cambios climáticos históricos a lo largo de 500 millones de años demuestran adaptaciones pasadas de las especies, incluidas a períodos más calurosos con cocodrilos en el Ártico. Sin embargo, el calentamiento actual —potencialmente superior a 4 °C para finales de siglo— ocurre mucho más rápido que eventos como el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno, que tardó 20.000 años en un aumento de 5-8 °C. Anstett ve esto como alentador, señalando que muchas predicciones de declive pasan por alto la evolución. Sin embargo, una sola sequía representa clima, no cambio climático sostenido. Los extremos futuros podrían abrumar las adaptaciones, y los golpes repetidos reducen la diversidad genética, dificultando una evolución adicional, especialmente para especies longevas con generaciones extendidas.