Los investigadores de los Alpes de Ötztal están perforando urgentemente el glaciar Weißseespitze para extraer datos climáticos antes de que se derrita. El glaciar conserva capas de contaminantes y marcadores naturales de siglos pasados, que ofrecen información sobre la actividad humana histórica y los cambios medioambientales. El aumento de las temperaturas ya ha borrado registros desde el siglo XVII.
En lo alto de los Alpes de Ötztal, cerca de la frontera entre Austria e Italia, el glaciar Weißseespitze actúa como archivo natural, con capas de hielo que capturan compuestos atmosféricos a lo largo de miles de años. Las nevadas han conservado contaminantes como el arsénico de la minería y la fundición medievales, así como señales naturales como sustancias químicas de incendios forestales y metales volcánicos de los siglos XIII y XVI de nuestra era. Alrededor del año 1000, los picos de levoglucosano -un marcador de vegetación quemada- se alinearon con el carbón vegetal de las turberas cercanas, lo que apunta a incendios forestales durante una sequía de un siglo alimentada por patrones erráticos de precipitaciones similares a los actuales fenómenos meteorológicos en regiones como el Oeste americano. El plomo procedente de actividades humanas era detectable incluso hace un milenio, lo que demuestra los primeros impactos atmosféricos. El equipo de Spagnesi perforó más de 10 metros hasta el lecho rocoso en 2019, pero para 2025, la profundidad del glaciar se había reducido a 5 metros, con lo que alrededor del 30% de los glaciares de Ötztal corren el riesgo de desaparecer en los próximos cinco años. Las capas superiores desde la década de 1600 ya se han derretido, dejando registros de los siglos II al XVII de nuestra era. "Es realmente una carrera contrarreloj, porque tenemos esta oportunidad única de inspeccionar la memoria de este glaciar", afirma Azzurra Spagnesi, paleoclimatóloga de la Universidad Ca' Foscari de Venecia y autora principal de un reciente trabajo sobre los contaminantes del glaciar. A diferencia de los remotos núcleos de Groenlandia o la Antártida, estos glaciares europeos proporcionan datos locales de mayor resolución debido a su proximidad a la actividad humana histórica, incluida la cuna de la Revolución Industrial. "Estos glaciares locales nos van a decir más de lo que está ocurriendo cerca", señala Paul Bierman, geocientífico de la Universidad de Vermont. Los científicos pretenden introducir estos datos en los modelos climáticos para mejorar las predicciones. "Los glaciares no son sólo hielo", subraya Spagnesi. "Son los archivos de la memoria de la Tierra".