Una fibra modificada conocida como éster de inulina-propionato ha recibido la aprobación de seguridad de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, lo que abre el camino para su incorporación en productos cotidianos como panes y cereales.
La fibra, llamada IPE, fue desarrollada por los investigadores Gary Frost del Imperial College de Londres y Douglas Morrison de la Universidad de Glasgow. Actúa liberando propionato en el intestino grueso, lo que aumenta los niveles de hormonas como el GLP-1 y el PYY, que ayudan a controlar el apetito.
Los ensayos demostraron que una dosis diaria de 10 gramos evitó el aumento de peso en personas de 40 a 65 años y aumentó la masa magra en personas de 20 a 40 años. El único efecto secundario observado fue un aumento de flatulencias.
Se tardaron 12 años en conseguir la aprobación de la UE. Los desarrolladores esperan que los productos que contienen IPE lleguen al mercado en los próximos 12 meses. Un investigador de la Universidad de Aberdeen señaló que la evidencia de los ensayos sobre los beneficios para el peso sigue siendo limitada en cuanto a escala.