Una estrella similar al Sol, a 3.000 años luz de distancia, se atenuó abruptamente durante nueve meses, revelando una colosal nube de gas y polvo probablemente originada en una colisión planetaria. Los astrónomos utilizaron telescopios avanzados para medir por primera vez vientos metálicos dentro de la nube. El evento pone de manifiesto el caos continuo en sistemas estelares antiguos.
En septiembre de 2024, la estrella J0705+0612, similar a nuestro Sol, se atenuó repentinamente hasta solo una cuarentaava parte de su brillo normal, un evento que duró hasta mayo de 2025. Situada a unos 3.000 años luz de la Tierra, este cambio drástico desconcertó a los astrónomos, ya que tales atenúaciones son raras en estrellas estables como esta. “Las estrellas como el Sol no dejan de brillar de repente sin motivo”, dijo Nadia Zakamska, profesora de astrofísica en la Universidad Johns Hopkins. “Así que eventos de atenuación tan dramáticos como este son muy raros”. Zakamska y su equipo iniciaron una campaña de observación utilizando el telescopio Gemini South en Chile, el telescopio de 3,5 metros del Observatorio Apache Point y los Telescopios Magellan. Su análisis, publicado en The Astronomical Journal, indicó que la estrella estaba oculta por una vasta nube de gas y polvo, situada a unos dos mil millones de kilómetros de la estrella y con un extensión de 200 millones de kilómetros. La nube parece estar ligada a un objeto compañero masivo que orbita la estrella, con una masa de al menos varios Júpiter. Este compañero podría ser un planeta gigante, una enana marrón o una estrella de baja masa. Datos de archivo revelaron atenúaciones similares en 1937 y 1981, lo que sugiere un período orbital de 44 años. En marzo de 2025, el equipo empleó el instrumento GHOST del Gemini South para analizar espectroscópicamente la nube durante la ocultación. Las observaciones detectaron metales gaseosos como hierro y calcio, y por primera vez midieron movimientos tridimensionales del gas dentro de un disco circunsecundario o circunplanetario. “La sensibilidad de GHOST nos permitió no solo detectar el gas en esta nube, sino medir realmente cómo se mueve”, explicó Zakamska. “Eso es algo que nunca habíamos podido hacer antes en un sistema como este”. La estrella, con más de dos mil millones de años de edad, muestra un exceso de infrarrojo que sugiere un disco de escombros no de su formación, sino posiblemente de una colisión planetaria reciente. “Este evento nos muestra que incluso en sistemas planetarios maduros, todavía pueden ocurrir colisiones dramáticas a gran escala”, señaló Zakamska. “Es un recordatorio vívido de que el Universo está lejos de ser estático”. Este descubrimiento subraya el poder de los nuevos instrumentos para sondear eventos transitorios en sistemas distantes.