Investigadores han identificado vasos sanguíneos preservados dentro de una costilla fracturada de Scotty, el ejemplar de Tyrannosaurus rex más grande jamás encontrado. Las estructuras, reveladas mediante rayos X de sincrotrón, se formaron durante el proceso de curación parcial del dinosaurio hace 66 millones de años. Los hallazgos, publicados en Scientific Reports, ofrecen nuevas perspectivas sobre la fisiología de los dinosaurios.
Scotty, que se encuentra en el Museo Real de Saskatchewan en Canadá, vivió una vida difícil marcada por múltiples lesiones. Una costilla muestra una gran fractura que había comenzado a sanar cuando el dinosaurio murió hace unos 66 millones de años. Durante la recuperación, el cuerpo aumenta la actividad de los vasos sanguíneos para ayudar a la reparación, y estos vasos se mineralizaron en estructuras ricas en hierro preservadas dentro del fósil, informan Jerit L. Mitchell, candidato a doctor en física de la Universidad de Regina, y sus colegas en Scientific Reports (2025; 15(1)). Reconstruyeron la red utilizando modelos 3D a partir de datos de imágenes avanzadas. Los rayos X de sincrotrón procedentes de aceleradores de partículas permitieron un análisis no destructivo del hueso denso, superando las limitaciones de las tomografías computarizadas estándar. El análisis químico confirmó dos capas distintas en los vasos, lo que refleja condiciones de conservación complejas. Esta técnica reveló detalles intrincados imposibles de observar con los métodos tradicionales. El descubrimiento arroja luz sobre cómo los grandes dinosaurios depredadores como el T. rex se curaban de sus heridas. Proporciona una base para comparar los procesos de curación entre los dinosaurios y las aves modernas, sus parientes más cercanos. Los huesos con signos de lesiones pueden priorizar futuras búsquedas de tejidos blandos, señaló Mitchell.