Un nuevo estudio sugiere que las esponjas más antiguas de la Tierra tenían cuerpos blandos y carecían de esqueletos mineralizados, lo que explica la ausencia de sus fósiles hace 600 millones de años. Dirigido por investigadores de la Universidad de Bristol, los hallazgos reconcilian la evidencia genética con el registro fósil. La investigación indica que los esqueletos de las esponjas evolucionaron de manera independiente en diferentes linajes.
Las esponjas se encuentran entre los animales conocidos más antiguos, con evidencia genética y química que apunta a su aparición hace al menos 650 millones de años. Sin embargo, los fósiles confirmados de esponjas más antiguos, que presentan estructuras microscópicas similares al vidrio llamadas espículas, datan solo de hace unos 543 millones de años en el período Ediacarano tardío. Esta brecha ha desconcertado a los científicos durante años. Para abordarla, un equipo internacional dirigido por la Dra. M. Eleonora Rossi de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Bristol analizó datos de 133 genes codificantes de proteínas y registros fósiles. Su trabajo, publicado en Science Advances, sitúa el origen de las esponjas entre hace 600 y 615 millones de años. El estudio revela que las primeras esponjas tenían cuerpos blandos y carecían de esqueletos mineralizados, por lo que no aparecen espículas en rocas más antiguas. «Nuestros resultados muestran que las primeras esponjas tenían cuerpos blandos y carecían de esqueletos mineralizados. Por eso no vemos espículas de esponjas en rocas de hace unos 600 millones de años: simplemente no había ninguna que preservar», explicó la Dra. Rossi. Un análisis adicional utilizando un modelo informático estadístico, un proceso de Markov, demostró que las espículas evolucionaron de manera independiente en los linajes de esponjas. Las esponjas modernas tienen esqueletos hechos de diferentes materiales, como calcita o sílice, que involucran genes distintos. La Dra. Ana Riesgo del Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid señaló: «Los esqueletos de las esponjas modernas pueden parecerse, pero se construyen de maneras muy diferentes. Algunos están hechos de calcita, el mineral que forma el yeso, otros de sílice, esencialmente vidrio, y cuando examinamos sus genomas vemos que se involucran genes completamente diferentes». El Dr. Joseph Keating, coautor, describió el enfoque de modelado: «Al modelar las transiciones entre diferentes tipos de esqueletos, incluidos los de cuerpo blando, encontramos que casi todos los modelos rechazan fuertemente la idea de que las primeras esponjas tenían esqueletos mineralizados». Los hallazgos desafían las suposiciones sobre el éxito temprano de las esponjas. El profesor Phil Donoghue, profesor de paleobiología en la Universidad de Bristol, afirmó: «Nuestros resultados desafían esta idea, sugiriendo que la diversificación temprana de las esponjas fue impulsada por algo completamente diferente, y qué fue eso sigue siendo un misterio tentador». El profesor Davide Pisani añadió implicaciones más amplias: «Las esponjas son el primer linaje de animales constructores de arrecifes que evolucionó... Comprender su evolución proporciona conocimientos clave sobre el origen de los primeros sistemas de arrecifes. Se trata de cómo la vida y la Tierra coevolucionaron». El estudio reconcilia la evidencia paleontológica y molecular, ofreciendo nuevas perspectivas sobre el amanecer de la vida animal.