Los bonobos machos en libertad usan una combinación de patrones de hinchazón genital y el historial reproductivo femenino para identificar los momentos óptimos de apareamiento, a pesar de las señales visuales poco fiables. Investigadores observaron este comportamiento en una comunidad en Wamba, República Democrática del Congo, revelando cómo los machos maximizan el éxito reproductivo. Los hallazgos, publicados en PLOS Biology, destacan estrategias flexibles en el apareamiento de primates.
Investigadores dirigidos por Heungjin Ryu de la Universidad de Kioto siguieron el rastro de una comunidad de bonobos salvajes en la Reserva Científica Luo en Wamba, República Democrática del Congo. Durante meses de observaciones de campo, el equipo documentó interacciones sexuales diarias, evaluó el grado de hinchazón genital femenina y analizó muestras de orina para determinar los niveles de estrógeno y progesterona con el fin de precisar la ovulación.
El estudio halló que las hembras bonobo desarrollan una hinchazón genital de color rosa brillante que dura mucho más allá del período fértil, lo que hace que las señales visuales sean engañosas. La ovulación era más probable entre 8 y 27 días después de que una hembra alcanzara la hinchazón máxima, complicando las predicciones para los machos. A pesar de ello, los machos dirigieron sus esfuerzos de apareamiento hacia hembras que habían alcanzado el pico de hinchazón antes y aquellas con infantes mayores, indicadores asociados con mayores probabilidades de fertilidad.
Este enfoque permite a los machos estimar la fertilidad de manera efectiva sin señales precisas, reduciendo la presión evolutiva para indicios más exactos. La persistencia de este sistema resalta cómo las señales imprecisas pueden perdurar cuando los animales se adaptan de forma flexible.
Como señalaron los autores, «En este estudio, encontramos que los machos bonobo, en lugar de intentar predecir el momento preciso de la ovulación, usan una estrategia flexible —atendiendo a la señal final del hinchazón sexual junto con la edad del infante— para afinar sus esfuerzos de apareamiento. Este hallazgo revela que incluso las señales imprecisas pueden seguir siendo evolutivamente funcionales cuando los animales las usan de manera flexible en vez de esperar una precisión perfecta».
El trabajo de campo implicó un monitoreo intenso en la selva tropical, con investigadores soportando calor y humedad para registrar estos comportamientos. La investigación contó con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente de Japón y la Sociedad Japonesa para la Promoción de la Ciencia, sin influencia en el diseño o resultados del estudio. Publicado el 9 de diciembre de 2025 en PLOS Biology, el trabajo aparece en el volumen 23, número 12.