La NASA lanzó con éxito tres cohetes sonda desde Alaska para estudiar las corrientes eléctricas que impulsan las auroras boreales. Las misiones, incluidas investigaciones sobre misteriosas auroras negras, recopilaron datos de alta calidad sobre el flujo de energía a través de la atmósfera superior de la Tierra. Todos los cohetes alcanzaron sus altitudes previstas y transmitieron mediciones valiosas a los científicos.
El 9 de febrero de 2025, a las 3:29 a.m. AKST, el cohete Black and Diffuse Auroral Science Surveyor despegó del Poker Flat Research Range cerca de Fairbanks, Alaska, alcanzando una altitud de unas 224 millas (360 kilómetros). La investigadora principal Marilia Samara confirmó que todos los instrumentos funcionaron según lo previsto, entregando datos sólidos sobre regiones oscuras en las auroras conocidas como auroras negras, que pueden indicar reversiones repentinas en las corrientes eléctricas. Esta fue la segunda tentativa de la misión, tras un aplazamiento en 2025 debido al tiempo y las condiciones climáticas. El día siguiente, 10 de febrero, a la 1:19 a.m. AKST, los cohetes gemelos GNEISS —parte de la misión Geophysical Non-Equilibrium Ionospheric System Science— se lanzaron con solo 30 segundos de diferencia, ascendiendo a alturas máximas de aproximadamente 198,3 millas (319,06 kilómetros) y 198,8 millas (319,94 kilómetros). Dirigidos por la investigadora principal Kristina Lynch, profesora del Dartmouth College, los cohetes liberaron sub cargas para medir el entorno eléctrico de la aurora desde múltiples puntos. Las estaciones en tierra y los brazos de los instrumentos operaron como se esperaba, y el equipo expresó satisfacción por los datos recopilados. Las auroras se forman cuando electrones del espacio energizan gases atmosféricos, creando espectáculos luminosos, pero el circuito eléctrico completo implica flujos de retorno dispersos influenciados por vientos, presiones y campos. La misión GNEISS utilizó las trayectorias de los cohetes, junto con señales de radio analizadas por receptores terrestres, para mapear estas corrientes en tres dimensiones. «No solo nos interesa por dónde vuela el cohete», explicó Lynch. «Queremos saber cómo se extiende la corriente hacia abajo a través de la atmósfera». Comparó la técnica con una tomografía computarizada del plasma bajo la aurora. Estos esfuerzos complementan la misión satelital EZIE de la NASA, lanzada en marzo de 2025, que observa corrientes desde órbita. Al integrar datos de cohetes con imágenes desde tierra, los investigadores pretenden comprender mejor los efectos del clima espacial, como el calentamiento atmosférico y la turbulencia que afectan a los satélites. «Si podemos combinar las mediciones in situ con las imágenes desde tierra, podremos aprender a leer la aurora», añadió Lynch. Los lanzamientos ofrecen perspectivas directas sobre cómo el espacio interactúa con la atmósfera de la Tierra.