Investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder han identificado una región cerebral llamada corteza insular granular caudal (CGIC, por sus siglas en inglés) que actúa como un interruptor que convierte el dolor agudo en dolor crónico. En estudios con animales, desactivar este circuito evitó que el dolor crónico se desarrollara o lo revirtió una vez establecido. Los hallazgos, publicados en el Journal of Neuroscience, abren camino a nuevos tratamientos más allá de los opioides.
Un equipo dirigido por Linda Watkins, profesora distinguida de neurociencia del comportamiento en la Universidad de Colorado en Boulder, estudió la CGIC en ratas con lesiones en el nervio ciático. Utilizaron métodos quimiogenéticos avanzados y proteínas fluorescentes para rastrear y silenciar neuronas específicas. Apagar la vía de la CGIC evitó que las señales de dolor persistieran después de que la lesión sanara, eliminando síntomas como la alodinia, donde un toque ligero resulta doloroso. Watkins afirmó: 'Si se silencia a este decisivo regulador, el dolor crónico no ocurre. Si ya está presente, el dolor crónico desaparece'.