Investigaciones recientes han puesto en duda afirmaciones alarmantes sobre la ingestión de microplásticos, como consumir el equivalente a una tarjeta de crédito por semana. Aunque los microplásticos están muy extendidos en el medio ambiente y en los tejidos humanos, los estudios sugieren que los niveles de exposición son mucho más bajos de lo temido, y los impactos en la salud siguen sin aclararse. Los expertos instan a la precaución hasta que surjan datos más rigurosos.
Los microplásticos, partículas diminutas de plástico, han sido detectados en diversos lugares, incluidas las montañas más altas, las fosas oceánicas más profundas, regiones polares remotas y órganos humanos como el corazón, el hígado, el riñón, la leche materna y el torrente sanguíneo. Su ubicuidad se debe a la durabilidad de los plásticos, introducidos por primera vez con el Bakelite a principios del siglo XX, que revolucionaron el envasado, la electrónica y los dispositivos médicos, pero también provocaron su dispersión en el medio ambiente durante un siglo. nnUn estudio de 2019 muy difundido, financiado por el World Wildlife Fund y la University of Newcastle, afirmó que la ingestión media semanal de microplásticos era de 5 gramos, equivalente a una tarjeta de crédito. Esta revisión de 59 estudios previos mezcló conteos de partículas y mediciones de masa, basándose en estimaciones como aplicar datos del agua de mar al agua potable, lo que infló los resultados. Análisis posteriores corrigieron esto, estimando la ingesta real en 0,0041 miligramos por semana, comparable a menos que un grano de sal. A esa tasa, tardaría más de 23.000 años en ingerir el equivalente a una tarjeta de crédito. Las simulaciones predicen una acumulación de por vida de 12,2 miligramos, con solo 41 nanogramos absorbidos por el cuerpo. nnHan surgido preocupaciones sobre los métodos de detección; por ejemplo, vaporizar muestras de tejido puede producir falsos positivos de moléculas de grasa que imitan plásticos. Estudios en animales, como los realizados en ratones a los que se administró 1 gramo diario —muy por encima de la exposición realista—, mostraron cambios conductuales e inflamación. Un estudio en cerdos con 1 gramo semanal notó efectos en 86 genes y estrés oxidativo en el páncreas. Sin embargo, un informe de la Organización Mundial de la Salud de 2022 destacó que tales experimentos usan dosis irrealmente altas y partículas más grandes, con la circulación de microplásticos diferente entre roedores y humanos. nnEn humanos, un estudio vinculó microplásticos en placas arteriales con tasas más altas de infartos e ictus, pero solo estableció correlación, no causalidad. Los químicos en los microplásticos pueden filtrarse, pero simulaciones intestinales indican aumentos insignificantes en los tejidos, ya que pueden salir por las heces. Riesgos potenciales como el transporte de toxinas o la interferencia inmune siguen sin demostrarse en comparación con otros contaminantes. El campo carece de datos sólidos, por lo que los investigadores recomiendan centrar las preocupaciones en otro lugar a la espera de más pruebas.